QUIMERAS (2006-09)

 

· ad maiorem Dei gloriam · [25/03/09]
 
En una Iglesia del casco antiguo de la ciudad se está celebrando una misa. Los turistas, irreverentes, entran y avanzan por las naves laterales sin prestar atención al párroco tras el altar. Cuchichean las maravillas que surgen de las sombras de cada capilla y abusan de sus flashes inmortalizadores. El párroco está a punto de hacer la consagración cuando en el ábside resuena el “God save the Queen” de los Sex Pistols; se trata del teléfono móvil de un británico cuya cara se pone roja instantáneamente si es que no lo estaba ya por el sol. La beata de la primera fila le lanza una mirada furibunda y se torna hacia el párroco con otra mirada más bien apremiante. Los otros turistas se ríen entre dientes y continúan sus exploraciones. La misa prosigue cuando, de repente, una luz cegadora surge por un instante del pantocrátor. Toda la gente se hinca de rodillas, asustada. “¡Milagro, milagro!”, grita la beata. El párroco se gira hacia el Cristo crucificado y cree notar una sonrisa displicente en Su cara, piensa: “Señor, ¿por qué nos hacéis una foto sin darnos tiempo siquiera a peinar nuestros pecados?


 
· Normalización · [18/02/09]
 
—Soy una persona normal.
—Sí, lo sabemos, Sr. Sánchez.
—Su respuesta es condescendiente, le digo que soy una persona normal.
—Sí, sí, muy normal.
—Lo ha dicho con retintín, ¡lo ha dicho con retintín!
—No, Sr. Sánchez, usted es una persona normal.
—¡Ya!, ¡porque usted lo diga!, ¿no?
—Vamos, vamos, no se sulfure.
—¿Sabe qué le digo? Que normal ¡lo será la madre de usted!


 
· El ermitaño · [30/01/09]
 
El ermitaño salió hasta la boca de la cueva y se desperezó ante el sol de la mañana. De nuevo el mismo espectáculo maravilloso de tantos días repetidos. En su cara había una mueca de aborrecimiento cuando terminó de desentumecer las articulaciones. No dio gracias por el nuevo día ni lanzó plegaria a lo alto. Hacía tiempo que había dejado de creer en nada que no fuese su sino y, con ello, había olvidado qué era lo que le había llevado voluntariamente a vivir allí, aislado del mundo y asqueado de todo. Las brumas se disipaban parsimoniosamente del bosque, no así de su cabeza. Escupió al suelo que lo sostenía y miró con desdén la cueva que lo cobijaba, pero regresó a su interior para desayunar un poco de queso de cabra y pan ácimo. El resto de la mañana la pasó amargado, dando pábulo a pensamientos ruines y lamentándose inútilmente, mientras fuera los árboles eran mecidos por el viento que sostenía a los pájaros que pintaban las nubes del cielo con sus plumas. A mediodía se dispuso a comer nuevamente pero, cuando se llevaba el primer bocado a la boca, desapareció la luz que entraba. Se giró hacía donde estaba la boca de la cueva y sólo vio oscuridad, si acaso es posible ver la propia imposibilidad de ver. A tientas, golpeándose con los salientes que creía memorizados pero ahora se le mostraban extraños, fue hasta la salida. Una pared bloqueaba su paso. No recordaba haber sentido ningún ruido ni estremecimiento, por lo que no podía tratarse de algún desprendimiento fatídico. Además, esa pared no parecía natural y le transmitía escalofríos cuando sus dedos recorrían la superficie fría y lisa, sin aristas, sin ningún resquicio, indiferente a su suerte. Entonces, encerrado en su cueva se dejó morir lentamente. De todas maneras, hacía tiempo que ya no vivía.


 
· Nevera · [14/01/09]
 
Por fin me he decidido a dar un paso tan delicado y, en este momento y en este lugar, voy a salir de la nevera: Soy asexual. No me gustan ni los hombres ni las mujeres, abomino de todos los congéneres que se dejan guiar por un puñado de hormonas al que gustan de llamar “amor”, “cariño” y otras patrañas similares. Lo mejor es pensarse asexual y no tener el menor interés por el cuerpo ajeno. La espiritualidad es el desprendimiento de lo corporal y la culminación de la humanidad, la aniquilación de los instintos ha de ser nuestro objetivo. Ahora, si me perdonan, me voy a echar un polvete con mi novia que, menos mal, no comparte mis ideas.


 
· Desvarío iluso · [01/01/09]
 
Dice la sabiduría popular que “quién vive de ilusiones muere de desengaños”. Tal vez tengan razón los budistas con lo del desapego, el renunciar a toda esperanza, a toda espera. O tal vez no. Sería muy triste carecer de ilusiones, desde la más pragmática de que me toque la lotería hasta la más romántica de que esa chica se fije en mí. Lo terrible es vivir sólo de ellas, carecer de plan B, pues entonces su no cumplimiento es una pequeña muerte. Así que como no me ha tocado la lotería, tendré gustos más modestos; y como ella no se ha fijado en mí, me haré budista.


 
· La voz de la conciencia · [23/12/08]
 
Joder, como duele el puto tobillo de los cojones. ¡Quién coño me manda a mí ayudar! El vejestorio va y me dice: “Señor, ¿me puede ayudar a bajar las escaleras?” Y yo, como un repelente empollón cuatrojos baboso le cedo mi brazo como el Cary Grant ése de las películas ñoñas y plastas. Menos mal que mis colegas no me han visto porque estaban en ese momento poniéndose de cervezas hasta el culo en el antro del Luisete, menudo mamonazo, perdió todo el prestigio cuando se enrolló con la Tere, la muy puta, aunque todos nosotros hubiéramos querido estar en su lugar jodiendo. Y ahora aquí, con la matusalena mirándome el pie al pie de unas escaleras finitas que por su culpa se me hicieron eternas. Vaya con la momia, como para escapar con ella de un incendio. “Ay, pobrecito, ¿te duele mucho?, espérame aquí que voy a buscar ayuda.” ¿Ayuda?, para cuando vuelva soy más viejo que ella, me cago en todos los del Inserso. “Gracias señora, es usted muy amable pero no es necesario, ha sido sólo un mal gesto, ¿ve?, ya puedo andar, puede ir usted tranquila” ¡a tomar por culo!


 
· En defensa de los hombres · [14/12/08]
 
Se me revuelven las gónadas al ver como los hombres somos motivo de befa y bufa por culpa de nuestra condición: ¿Acaso tenemos culpa de que nos falte un trozo de cromosoma? Mis gónadas y sus habitantes se han puesto a dar brincos en señal de protesta, con la consecuente molestia, y me han reclamado que defienda sus intereses de género. Y como estaba ocioso he decidido darle gusto al cuerpo y he dejado de tocarme las pel... peliagudas idiosincrasias masculinas. Empecemos por el principio, como norma general el hombre es un macho peludo con el cerebro en el cu... cuerpo (aunque para cuerpo el de las mujeres). Como norma general es bastante penosa porque entonces la cabra de la legión también sería un hombre, además de que no todos los hombres son peludos y que algunas alemanas son más peludas que muchos de ellos. Así que aventuraré otra definición de hombre: macho peludo que no es cabrón ni alemana, con cerebro. Vale, la primera parte creo que ya queda clara pero, ¿y la segunda? Me temo que por el momento no he encontrado ningún estudio científico que asegure la existencia de cerebro dentro de la cabeza masculina, y eso que he consultado el fondo bibliográfico de todos los sex—shops de Barcelona. Este tema es delicado porque hay diferentes teorías acerca de lo que ocupa el espacio interior de la cabeza masculina: el vacío absoluto, un depósito de reserva para los espermatozoides, varios números atrasados del PlayBoy, una libreta con chistes machistas, neuronas (sólo tres o cuatro y no se hablan entre ellas), etc. En todo caso y para mayor profundidad en el tema irse a la biblioteca del buque Prestige.
 
Una vez aclarado lo que es un hombre (porque ha quedado claro, vamos), vamos a analizar por qué habríamos de ser motivo de burla. Que yo sepa los hombres somos perfectos, siempre lo he oído decir: “¡Eres un perfecto gilipollas!” oí decir aún no hace mucho a una joven airada en medio de la calle. También somos delicados y sensibles pues, por ejemplo, no soportamos el roce de unos gallumbos recién sacados del cajón ni el olor a limpio. En fin, como muestra bien vale un botón (por cierto, ¿qué es un “botón”? ¿para qué sirve?... ah, ya recuerdo, es eso que cuando te acuerdas de él es que lo acabas de perder), y ahora que mis gónadas vuelven a estar tranquilas, voy a dedicarme nuevamente a tocarme las pel... peliagudas idiosincrasias masculinas mientras analizo la documentación gráfica almacenada en mi cerebro.


 
· sine die · [01/11/08]
 
Si pudiera decidir
el momento de mi muerte
elegiría ayer.
 
Así hoy no tendría
miedo a morir.


 
· Equivocamor · [06/10/08]
 
De entre todas las sonrisas
que en el mundo escasean
elegí la tuya por más bella.
Y elegí tus labios de fresa
aunque nunca me besan,
y elegí los faros de tus ojos
que tu cara de seda iluminan
pero, ay de mí, no me miran.


 
· Lugar o modo · [02/09/08]
 
—¿Dónde estás? —preguntó ella.
—¿Qué quieres? —respondió él.
—Bueno, quería saber cómo estabas... ¿dónde estás?
—Vamos a ver, si quieres saber cómo estoy, ¿qué importancia tiene dónde esté como estoy?
—¿No me lo quieres decir?
—¿El qué?: ¿cómo o dónde estoy?
—Es igual, nos vemos esta tarde donde siempre, adiós.
—Aquí te espero.


 
· El desván · [07/08/08]
 
Aún no he perdido el afán aventurero que guiaba mis pasos de infancia por los rincones de la casa de mis abuelos en el pueblo. Cuando voy de vacaciones me gusta escabullirme hasta el desván, sin que nadie lo sepa para que nadie me encuentre, y allí pasar largas horas curioseando entre la ingente cantidad de cosas viejas que el tiempo ha ido desprendiendo de la vida de mis abuelos y depositando en el olvido. Para mí es un misterio toparme con una radio vieja quemada en una tormenta traicionera, o con un molinillo de café manual que recuerdo haber usado, o una bicicleta de piñón fijo, o un hervidor de leche atacado por el óxido. Recuerdo que en una de mis incursiones descubrí un viejo objeto nuevo: viejo por los años que tenía y nuevo porque no lo había visto nunca antes. Era una lámpara de aceite propicia para vivienda de genios encantados y, dado que en el desván poco me importa mi edad, comencé a frotarla suavemente con la ilusión de ver aparecer el genio que, como es lógico, me concedería tres deseos. Cual no sería mi sorpresa cuando, tras las primeras pasadas de mi manga, apareció un vapor azulado por la boquilla acompañado de un suave siseo. El vapor se convirtió en nube, y la nube se comenzó a diluir hasta dejar ver el torso de un genio que me miraba con autoridad:
 
—Humano, me has liberado de mi prisión y, en agradecimiento, te concederé tres deseos. Pero piénsalo bien, sólo tendrás una oportunidad.
 
Es comprensible que en esos momentos me encontrase bastante azorado ante la aparición, por lo que es de agradecer que tuviese la paciencia de esperarse a que yo recobrase un poco la compostura. Al cabo de un rato, después de meditar bien mis deseos, le dije:
 
—Pues quiero salud, dinero y amor.
 
El genio entonces negó con la cabeza y me dijo:
 
—No seré yo quién te otorgue esos tres deseos. Tu propio destino será el que se encargue de ello.
 
Y se esfumó.


 
· Partículas elementales · [16/06/08]
 
La abeja se posó en una de las florecitas que había al lado de la valla que rodeaba el perímetro de la nuclear. Cuando se disponía a libar algo de néctar vio una pequeña partícula radiactiva entre los estambres más alejados. Qué cosa más linda, de verde fosforito, daba incluso calorcito. La tomó entre sus patas delanteras y se la comió. Tenía un regusto metálico y se notaba su tránsito por el esófago abejil, como si lo recorriese un trago de absenta. Entonces despegó con agilidad, con demasiada agilidad. En sus ojos chispeaba una luz extraña.
 
A Gustavo lo habían expulsado de Barrio Sésamo. Los nuevos niños no estaban interesados en seres fantásticos que no estuviesen pixelados, generasen bolas de energía o mutasen de vez en cuando. Con su mísera pensión apenas si había tenido para comprarse un ajado nenúfar en alguna de las charcas que rodeaban lo delta de l’Ebre. Y sus días transcurrían papando moscas y, si había suerte, alguna abeja, como la que en ese momento se aproximaba. Cuando la tuvo a tiro de lengua, la enganchó y la deglutió con fruición. Un regusto metálico le afloró en la boca y se sintió súbitamente reconfortado. Su piel cobró un ligero brillo fosforescente.
 
El platillo volante con matrícula de Orión aterrizó al lado de la AP-7, cerca de Tortosa. Ningún conductor se percató de tan ensimismados como estaban en su propio embotellamiento. El mini-robot recolector salió zumbando por una pequeña trampilla lateral y se dirigió a las marismas próximas. Le deslumbró una rana tomando el sol sobre un nenúfar ajado, que brillaba casi tanto como el astro, y hacia allí encaminó sus micro-reactores. Le lanzó un rayo teletransportador y la mandó directa a la olla que ya hervía en la nave. Las ancas de rana eran un bocado exquisito en todo el universo.
 
El director de la central nuclear estaba hundido en su butaca de mullido cuero, algo más hundido desde que le habían comunicado que debía dimitir después de que se perdiese una partícula radiactiva. Habían peinado la zona y no habían encontrado nada, salvo los restos arqueológicos de una fábrica de calaveras de cristal de la dinastía Indy. “Qué injusticia”, pensaba, “tanto escándalo por una partícula totalmente inofensiva cuando en otros lugares sí suceden cosas realmente tremendas, como esa noticia del periódico según la cual el telescopio Hubble había detectado una enorme explosión de neutrones que había borrado del mapa a la lejana Orión”.


 
· acción/reacción · [14/06/08]
 
Los árboles ven el viento venir
y se inclinan para dejarlo pasar.
La noche ve el amanecer surgir
y le sobra tiempo para escapar.
Pero si el amor se llega a sentir
nada puede hacerse salvo amar.


 
· requiescat in pace · [02/06/08]
 
Tumbado en el nicho de este mausoleo hace frío. Mi carne cada vez más escasa deja los huesos a la vista aunque no tenga ojos para contemplarlo, lo primero que se comieron. El ataúd podrido me arropa bajo su escombro pero no me protege del silencio, más frío que la fría piedra. Tu ausencia me hiere más que el paso del tiempo, la humedad y los bichos. Siempre te quejaste de que no tenía tiempo para ti, tiempo para pensar en nosotros. Vivía por inercia y todo lo que hice fue desde la inmensidad de la corriente que me arrastraba, como a los demás. Y ahora, cuando lo que queda de mí es el raciocinio enganchado a este montón de carne putrefacta, es ya demasiado tarde. Los besos no dados fueron mi último aliento y las caricias desperdiciadas el último espasmo. Los ojos que no se cerraban retenían tu último reflejo, vana ilusión moribunda. Pienso en ti con todo el corazón que no late ni tan siquiera tengo ya. Amor, no te mueras nunca.


 
· Ludopatético · [08/04/08]

Estoy aquí para jugar aunque no sepa cuáles son las reglas. Me han repartido unas cartas que no entiendo y absorto las contemplo sin saber qué hacer. Sé que esperan algún movimiento pero ¿cuál? Por casualidad, hastiado de mostrarme cabizbajo con las cartas en la mano, levanto la vista y lo veo a Él, al Gran Crupier, que me hace un guiño casi imperceptible con el ojo izquierdo mientras se lleva la mano al lóbulo de la oreja derecha, la punta de su lengua apunta hacia abajo asomando levemente por la comisura izquierda. Sé que me quiere decir algo pero, puñeta, tampoco sé qué significan esos signos. Al menos sé que los hace porque me quiere ayudar.


 
· Memorias acuáticas · [02/04/08]
 
El río salió de su cauce y se dirigió a la ladera derecha del valle que lo encajonaba. Una vez allí dejó a la montaña reflejarse en sus aguas, pues ésa es la forma en que los ríos ven lo que les rodea. Y comenzó a subir con mucho esfuerzo, dada la ley de la gravedad que lo esclavizaba desde que la descubriera Newton (ley perenne donde las haya pues han pasado trescientos años y todavía es vigente). El ascenso era lento pues, además de las dificultades propias de la pendiente, el río esquivaba las guaridas de las alimañas, que bastante tienen con su nombre como para, encima, perecer ahogadas. Los árboles, sorprendidos, tendían y mecían sus ramas para ayudarlo, porque no es necesario conocer la causa de la necesidad para echar una mano al necesitado. Cuando la cima ya estaba próxima y la vegetación había dado paso a las rocas agrestes, el río se detuvo a saludar al viento que pasaba, pues si uno es río de tierra el otro lo es de cielo. Entonces dio media vuelta y regresó por la ladera hasta su cauce del valle. No necesitaba alcanzar la cima para demostrar nada, pues era libre de elegir sus propias ataduras.


 
· Sol · [26/03/08]
 
Mañana también saldrá el Sol
sin hacer caso de las tristezas
de seres humanos caminando
cabizbajos cuando en el cielo
mañana también saldrá el Sol.


 
· Sábado de Resurrección · [22/03/08]
 
Estaba Jesús en su tumba cuando, al segundo día, sonó el mandamiento divino. Lentamente le impuso sus manos y dejó de sonar. Entonces, quizá debido a la parte humana de su divinidad, se revolvió perezoso en la mortaja y continuó muerto. Dar la Buena Nueva bien podía esperar un día más.


 
· Oficina lírica · [12/03/08]

En un hombre el camino más corto
de la cabeza al sexo es la corbata
y el más largo una caricia de mujer.


 
· digo · [29/02/08]
 
Sí, es simple, es breve, dos letras y una tilde, sí.
No, es rebuscado, interminable, letras de abismo, no.
Tal vez, es duda, tiniebla, inseguridad abominable, tal vez.
Nunca, es definitivo, un adiós radical, todo terminó, para siempre.


 
· Garbeo solar · [24/02/08]
 
El avance en la criogenización de seres vivos permitía a la NASA abordar, por fin, el ansiado viaje hasta el sol, de aproximadamente unos cuarenta y tres años, seis horas, catorce minutos y dieciocho segundos, año más, año menos. El cohete era muy ligero gracias a que prescindía de reservas de combustible, salvo el indispensable para el despegue. Su fuente principal de energía sería la solar de su destino, más algo de combustible nuclear para la estufa. Los dos afortunados astronautas fueron introducidos en las cápsulas criogénicas con la esperanza de que el automatismo los despertase al llegar. La maniobra de despegue y direccionamiento fue realizada por control remoto desde la base de Cabo Cañaveral una cálida tarde de primavera del año 2008.
 
Cuarenta y tres años después...
 
El automatismo funcionó correctamente y el despertador digital sonó en el momento oportuno. Tras desperezarse y sacudirse la escarcha, los astronautas se dirigieron a la cabina de control de la nave para contemplar el panorama. Allí, frente a ellos, se presentaba majestuoso el sol en toda su inmensidad (no echaron en falta ningún trozo). El calor no les afectaba pues la nave estaba recubierta de presarolita, un elemento de prodigiosas propiedades totalmente ficticio descubierto por el autor de este cuento, y, sobretodo, porque disponían de un buen aparato de aire acondicionado.
 
—Torre de control, torre de control, aquí el comandante del Voyager-Sideral, ¿me reciben?
—Aquí la torre de control, identifíquese por favor.
—Misión Lorenzo-2008, nave Voyager-Sideral, les habla el comandante Rupérez.
—Pues no me aparece nada con ese nombre, un momento que lo consulto de nuevo.
—Oiga, torre de control, no tarde que es llamada interplanetaria.
 
Tras unos minutos...
 
—Comandante Rupérez del Voyager-Sideral, ¿no están ustedes muertos?
—Torre de control, decía Descartes “pienso, luego existo”, así que dado que nosotros existimos, pienso que su pregunta es una estupidez.
—Bien, me alegro, abuelito.
—Torre de control, ¿ha dicho usted “abuelito”?
—Sí, soy tu nieto, Arturo Rupérez. Papá murió en un incendio hace quince años.
—Vaya, ¿por qué no me avisasteis?
—Estabas fuera de cobertura.
—Arturo, concentrémonos en la misión Lorenzo-2008 y ya hablaremos cuando vuelva a casa. Veamos, estamos en la posición X1, cara al sol con la escafandra nueva, y vamos a iniciar la maniobra de circunvalación para averiguar lo estipulado en la directriz secreta. Restableceremos el contacto para comunicar el resultado.
—Suerte.
—Nos vemos.
 
La nave realizó un movimiento de declinación sindical, sin apenas turbulencias huelguistas, y escorándose a babor emprendió la ruta parabólica que la habría de llevar a la posición X2, es decir, la cara oculta del sol. Una vez alcanzada la posición y realizadas las observaciones pertinentes, el comandante llamó de nuevo.
 
—Torre de control, torre de control, aquí el comandante del Voyager-Sideral, ¿me reciben?
—Aquí la torre de control, dime abuelito.
—No me llames abuelito que estamos en el aire.
—De acuerdo, comantito, pero esto es una conexión interestelar segura, ¿no ves el candadito abajo a la derecha de HAL?
—En fin... Torre de control, tenemos los resultados de nuestras observaciones según la directriz secreta.
—¿No puedes ser un poco más explícito? Es que se quemaron todos los archivos en el incendio del 2036.
—La directriz es: “Averiguar la existencia de sombra en el sol”. Y el resultado de nuestras observaciones es: El sol no tiene sombra, la oscuridad procede sólo de aquellos que se oponen a su esplendor.


 
· Post Mortem · [10/02/08]
 
Al llegar a casa encontró a su padre tendido en el pasillo. Se acercó temeroso y, al no ver señales de vida en el cuerpo, se abalanzó sobre el teléfono. Descolgó y esperó a tener señal para marcar el 061, pero la señal no venía. Un leve siseo, como de viento en el páramo, era lo único que se escuchaba, hasta que apareció una voz, su padre:
 
—Hijo, vanos serían los esfuerzos para devolverme a la vida, he muerto. Tu madre, que tanto te quiere, me estaba esperando aquí y me ha pedido que te llame. Lo hubiera hecho ella misma pero aquí uno se olvida pronto de hablar, cosa que me pasará a mí también. Ya fue suficientemente doloroso que ella desapareciese por culpa de aquel conductor beodo, que quedaran tantas cosas por decir, toda una vida por compartir. Acababas de cumplir ocho años y me dijiste que odiabas a tu madre por haberse ido sin un beso ni un adiós, el beso protector que recibías cada noche. ¿Quién ahuyentaría entonces los monstruos para poder dormir?, me dijiste también. Yo lo intenté, aunque con poco éxito en vista de los que te acosaban después en las pesadillas. Y ella que lo veía desde aquí, la pobre, cuánto lo sintió, pero por entonces ya se había olvidado de hablar. Y ahora desaparezco yo mientras tú estás en la oficina, cosas de corazón débil en todos los aspectos. Eres un hombre hecho y derecho, un orgullo para nosotros que te quisimos tanto. Pero tu madre me ha pedido que te llame, no podía volver a suceder de nuevo. Hijo, tu madre y yo te mandamos nuestro beso de despedida, te queremos.
 
En ese momento el teléfono dio señal. Colgó llorando.


 
· Puesma · [31/01/08]
 
Escribir
un poema
es consuelo
para dar salida
a nuestros duelos,
mas por expresarlos
poco a poco nos volvemos
vulnerables, hurgamos en la herida,
disfrutamos del dolor y no vemos solución
a la situación que si la planteásemos seriamente carecería de poema, el cual es una losa colocada sobre nuestra cabeza que nos impide dejar de mirar al suelo. A veces pienso que es signo de debilidad el escribir poemas, plasmar lo que nos acontece de forma no más retorcida de lo que nuestro interior atormenta. Causan admiración aquellas personas seguras de sí mismas, las inabarcables, las líderes naturales, ¿acaso escriben poemas?, cuesta de imaginar. Tampoco es que abunden los poemas alegres. La felicidad más expansiva se disfruta en directo, en el momento, se agota a cada instante y a cada instante resurge; no queda tiempo para tomar conciencia de su existencia y, a lo sumo, será un vano deseo cuando se torne anhelo porque se fue. Sin embargo la pena, como melancólicos recalcitrantes, procuramos alargarla en el tiempo, dejarla por escrito para recordarnos permanentemente nuestras miserias. Ahora bien, escribimos poemas con la intención
de sobre su base apedazar los trozos del alma
desgarrada después de tanto llorar.
Y sobre estas ruinas la ilusión
brota nuevamente en la rima
de este poema que escribo
porque incluso el dolor
suena aquí bonito.


 
· El olmo · [13/01/08]
 
El olmo al borde del camino decidió dar peras. Desde antaño se sabía que el olmo, con sus hojas asimétricas, tenía mucho carácter y sólo dejaba de ser un arbusto cuando él lo decidía. Así que en el pueblo no extrañó demasiado que el olmo del camino presentase ese año rotundas peras pendiendo de sus ramas. Los viejos del lugar comentaban que cuando uno se acostumbra a ver llover ranas nada queda ya sorprendente. Sin embargo, coincidió que un botánico de la capital estaba esos días de turismo rural en una casa del pueblo con aire acondicionado, jacuzzi, televisión vía satélite e internet. En un principio creyó la posibilidad de una broma rústica, como esas que había oído contar de incendiar el pajar en los que una pareja intimaba o, más modernamente, despeñar el coche (lo moderno) en el que una pareja intimaba (lo eterno). Pero una inspección ocular en profundidad de las frondosidades del olmo, tronco, ramas, hojas, flores y yemas, descartó cualquier posible manipulación humana. Arrancó una rama como muestra de esa aberración de la naturaleza y la mandó a analizar a un laboratorio de renombre de Barcelona, el mismo que años antes había analizado los desprendimientos de azulidad celeste. El resto de las vacaciones del botánico fueron un continuo ir y venir hasta donde el olmo estaba, sopesando las peras a dos manos para apreciar su crecimiento, para sonrojo de las beatas que pasaban camino de misa, y tomando fotos desde todos los ángulos posibles, incluso encaramándose al castaño que desde el otro lado del camino permitía una perspectiva aérea y, al romperse el asidero, una perspectiva a ras de suelo. Cuando ya no se esperaba, una mañana de calor canicular, llegó la respuesta del laboratorio de Barcelona que el botánico leyó con avidez: “El olmo con peras, del cual procede la muestra, es la excepción que confirma la regla”.


 
· Ha llegado la hora · [20/12/07]
 
Estoy encerrado, esperando al verdugo que me conducirá hasta el cadalso. Una soga pende en la horca, su lazo tiene la medida de mi cuello culpable. No he tenido tiempo de arrepentirme. Ha sido todo tan rápido: ayer sucedió, allí mismo me detuvieron y, hoy, me ejecutarán. Tampoco he tenido tiempo para tener miedo, ni valor para confesar lo que no fuese verdad. No he recibido visitas, nadie quiere verme. Sigo encerrado, esperando, sentado en el camastro, las manos en las rodillas. La penumbra de la celda se clarea gracias al amanecer, que se intuye al otro lado del ventanuco próximo al techo. No tengo reloj pero noto como pasa el tiempo. Suena una llave en la cerradura. Entran y me colocan una capucha. “Ha llegado la hora”, dicen. Un breve trayecto dando tumbos y me encuentro sobre las tablas, la soga al cuello. Alguien murmura una oración a mi espalda, será el capellán que no sabe lo que dice. Ayer fui un criminal, hoy lo son ellos que me matan.


 
· Regalo de Navidad · [17/12/07]
 
Sostuve su mirada el tiempo suficiente para demostrarle que era rabia y no afecto lo que pretendía. El primer puñetazo lo recibí en la mejilla izquierda y, como la Biblia ordena, multipliqué los peces al partirle una caja de boquerones congelados en la cabeza. Trastabilló ligeramente pero antes de ponerme a la defensiva recibí el segundo puñetazo en la boca del estómago. Expulsé el aire de golpe y tardé en recuperarlo nuevamente, lo suficiente para que el tercer puñetazo impactara en mi ojo derecho. Era mi oportunidad, los brazos en alto le dejaban al descubierto los pechos, maravilla de la naturaleza. Así a ojo (con el izquierdo) calculé que le vendría bien una talla 95 con una copa tipo B. Cada Navidad que pasa me es más difícil encontrarle el regalo adecuado.


 
· La tigresa · [12/12/07]
 
Quedaron atrás los años pasados en aquella esquina, blandiendo el bolso y contoneando las caderas como inequívoco reclamo. Sabido es que la edad no perdona a los que trabajan con su cuerpo. Y ella, cosa rara en el mundo laboral actual, había además disfrutado mucho con su trabajo, el cual era debido a una vocación desde bien joven y no consecuencia de una necesidad química o mafiosa. Pero había cumplido 65 años, ahora era pendonista.


 
· Forajido · [08/12/07]
 
Quisiera ser delincuente en un país sin leyes,
un forajido al que ningún policía hace caso,
para ocultarme entre los pliegues de tu cuerpo
y acallar tu boca con besos sólo por si acaso.


 
· Autobiografía · [07/11/07]
 
Su autobiografía fue un éxito rotundo, más que cualquiera de sus novelas. Todos estaban asombrados ante esa vida tan intensa que el autor relataba sin el menor recato. La crítica opinó que era su mejor obra, además de insinuar que más le hubiera valido dedicarse desde el principio a las biografías y los estudios históricos. Opinaban que, visto lo visto, lo suyo no era la ficción. Sin embargo, nadie daba la menor importancia al hecho de que en la autobiografía apareciese relatada la muerte y el entierro del autor.


 
· Carta al Juez · [08/10/07]
 
Empiezo esta carta con la firme pretensión de, al terminar, lanzarme al vacío desde el piso treinta de este bloque de oficinas en el que me encierro día tras día desde hace ocho años. Ya sé que no me conoce, a lo sumo le habrán facilitado unos meros datos: donde nací, mi profesión, mi estado civil, si tenía antecedentes y, seguramente, si tenía problemas psiquiátricos. Pero eso no es conocerme sino estar informado de mis vínculos con la sociedad, precisamente lo que más detesto y que, a fin de cuentas, me han precipitado a este final inminente. Así que antes de que se forme una imagen errónea de mí he pensado explicarle quién soy o, mejor dicho, quién quise ser pues es ahí y sólo ahí donde realmente puedo decir “yo” con propiedad: Quise amar con dulzura y mi amor naufragó en un mar de dudas, quise tener muchos amigos y pocos lo fueron de verdad, más bien ninguno, pues nunca correspondí a ellos, y si luché por lo que creía fue hasta darme cuenta de lo relativo que resulta cualquier principio. Entonces me dejé arrastrar por la masa. Fui un hombre incierto, viví mientras viví y ahora muero porque me siento muerto. Disponga a su parecer de mis males pues bienes no me quedan ya para repartir.
 
Atentamente,
Un Suicida Cualquiera
 
···
 
Sr. Suicida Cualquiera,
 
Aunque sus ojos no puedan leer ya esta carta, pues habrán reventado a causa de la sobrepresión intracraneal en el momento del impacto de su caída libre desde el piso treinta, confío en que de alguna manera que no alcanzo a comprender su espíritu sea capaz de recoger lo que a continuación le vendré a referir. Sepa usted, señor Suicida Cualquiera, que ha cometido un error, un tremendo error, el cual carece de solución. Piense que la vida no es lo suficientemente inteligente como para urdir un complot en su contra, ni lo suficientemente estúpida como para no merecer ser vivida y disfrutar de los deleites que inocentemente nos depara. Es bien visto que todo depende del cristal con qué se mira, un mismo paisaje nos podrá parecer tenebroso o mágico. Así que está en nuestras manos la interpretación de la realidad que se nos presenta. Si usted encontró que su vida estaba vacía, ¿acaso se llenará al desaparecer?, quizás muerto el perro se acabó la rabia pero roto el cántaro, ¿quién lo llenará? Perdió la última oportunidad de demostrar que si hay algo que valga la pena es precisamente vivir, día a día, entre penas y alegrías. Estar aquí nunca será bueno o malo, es simplemente maravilloso.
 
Atentamente,
El Juez


 
· Le llamaban Trinidad · [07/10/07]
 
“Dios es uno y trino”
dice el manual de instrucciones de la religión,
también denominado Biblia
o, en su edición abreviada de bolsillo,
catecismo.
¿Y eso lo califican de Misterio?
Cada uno de nosotros
no sólo es uno y trino,
sino múltiple y variado dentro de sí mismo.
Va a ratos, como el deseo
de ser divinos.


 
· Servicio de información · [02/10/07]
 
—Ayuntamiento de Ventanilla, buenas tardes, le atiende Silvia.
—Hola Silvia.
—... hola, ¿quién eres?
—¿Por qué me tutea? ¿Acaso nos conocemos?
—Perdón, pensaba... como me ha llamado por mi nombre.
—Claro, me lo acaba de dar usted misma.
—Sí, ya, claro, pero...
—¿Por qué lo da si no espera que lo utilicen? Sabe, es usted un tanto hipócrita.
—Oiga, sin faltar, que una es una profesional.
—No lo diga muy alto, podría inducir a confusión.
—¿Qué está insinuando? ¡Oiga usted, le voy a colgar ahora mismo!
—No, por favor.
—...
—Quería pedir una información.
—...
—¿Sigue usted ahí?
—Dígame su pregunta y terminemos.
—¿No quiere saber mi nombre?
—¿Es ésa la pregunta?
—No es ésa la pregunta, pero es una pregunta. Usted me dio su nombre y yo no he correspondido.
—Ya... no se preocupe por eso, ¿sabe?, se supone que yo doy mi nombre, usted hace una pregunta, recibe respuesta y adiós.
—¿Así es cómo funciona el servicio de información?
—Sí, así es como funciona.
—Ah, bien, adiós.
—Eh, oiga, un momento, aún no ha planteado su pregunta.
—Sí que lo he hecho, y usted me ha respondido, por lo que ahora toca el adiós.
—¿Cómo te llamas?


 
· Habla · [14/09/07]
 
Antes de tirarme a la piscina
vi a toda la gente, cada uno
en su carril, que no se habla.
Y pensé yo que qué triste.
Al volver después en autobús
vi a toda la gente, cada uno
en su asiento, que no se habla.
Y pensé yo que qué triste.
Entonces sonó mi teléfono
y vi que eras tú... no descolgué,
no sabía qué decirte, ¡qué triste!


 
· Un día cualquiera · [07/09/07]
 
Suena el despertador y de un manotazo lo tiro al suelo. Al ver el suelo sembrado de cientos de piezas minúsculas me asombro de los avances de la técnica que, particularmente, tanto dinero me habían costado. En cualquier caso se trataba de un despertador y su función la había cumplido; en el manual no especificaba que fuese capaz de resistir un impacto contra el suelo producido por el manotazo de un somnoliento humano especialmente patoso. Para colmo, al poner uno de los dos pies izquierdos en el suelo siento una punzada: la aguja de las horas se me ha clavado en el talón. Miro sorprendido las primeras gotas de sangre asomar, especialmente teniendo en cuenta que el despertador era digital.
 
Salgo hacia la oficina con diez minutos de retraso, pues he tenido que fregar el suelo de la cocina tres veces, tantas como tostadas con mermelada he pretendido comer. Así que con un solitario café con leche, especialmente saltarín entre mis tripas, agarro el maletín, pillo el ascensor y me entretengo durante el camino haciéndole burlas al espejo y repasando el nudo de la corbata, por lo que el nudo parece una burla cuando finalmente llego a la calle. Luce un sol espléndido, o sea, hoy tendré otro día gris por culpa del filtro de estas gafas de sol que compré en el mercadillo.
 
¿Para qué he estado seis años metido en la universidad? ¿Estudiando hasta las tantas? (¿Yéndome también de farra hasta más tarde de las tantas?, pero mejor que no se sepa para la coherencia de mis lamentaciones.) ¿Sufriendo la congoja de cada nuevo examen? Pues para acabar siendo un ingeniero especialista en fotocopias y faxeador profesional: un perfecto papelero, ¡a mí!, que estoy en contra de la tala de árboles y de las mujeres vestidas.
 
Absorto en mis lamentaciones me estampo con la puerta automática de entrada al edificio de oficinas. Cuando consigo estabilizar el balanceo veo con asombro como un compañero llega hasta la puerta y, sin detener su paso, ésta se abre a tiempo. Me acerco nuevamente hasta quedar a un palmo escaso del cristal pero la puerta sigue impertérrita, así que miro con concentración al detector a ver si con eso basta, pero nada; hasta la puerta se ha dado cuenta de que soy una insignificancia, un cero absoluto. Esperaré a que venga otro compañero para entrar.
 
Agotado por una jornada laboral flexible cada vez más extensible, regreso a casa y abro el buzón con desgana. ¡Nada! ¡Esto es imposible! Nadie quiere convencerme de sus fantásticos precios con folletos multicolor y ¡no me ha escrito el banco! Estoy solo.
 
El día ha sido aciago pero tal vez mis lamentos no sean más que un cuento.


 
· De cabeza · [27/08/07]
 
Cansado de pensar me corté la cabeza pues pensé que descerebrado viviría mejor. Quizá resulte absurdo pensar en dejar de pensar, pero no me pidáis coherencia cuando mis actos demuestran justo lo contrario. En un primer momento, con la cabeza a los pies, creí desfallecer ante tanta sangre que manaba de mi cuello. Menos mal que en previsión había puesto ya una sartén vacía en un fogón hasta llevarla al rojo vivo. Así que la tomé y me la puse a modo de sombrero, presionando con fuerza. La herida cauterizó rápidamente entre una nube de vapor hediondo y un silbido de olla expréss. Entonces tomé la cabeza y la coloqué cuidadosamente en la nevera, entre los melones. Nunca se sabe cuándo puede hacer falta de nuevo una pizca de razón. Ahora me siento mejor, mucho mejor, las obsesiones se han esfumado, las preocupaciones se han diluido y el mundo me parece un lugar mucho más agradable. Lo próximo que haré será arrancarme el corazón y con él en la palma de la mano decirte “te quiero”...
 
...aunque no te pueda besar.


 
· Desolación · [21/08/07]
 
Una mañana cualquiera no amaneció. La gente, acostumbrada a sus rutinas, fue igualmente al trabajo. Pero cuando llegó la hora del café y aún no había salido el Sol comenzó a preocuparse, quizá fuese el color del café lo que les hizo darse cuenta. “Será cosa de la contaminación”, “será cosa del gobierno”, “qué será será”, se preguntaban. Se sintonizaron las radios en espera de una explicación que no llegaba, se llamó a familiares lejanos que confirmaron que en las Quimbambas tampoco había amanecido. Las miradas se sumergieron entonces en los papeles, se fijaron en las pantallas de ordenador e incluso se cerraron, cualquier cosa antes que afrontar el pavor de una ventana tenebrosa. Al anochecer de ese primer día oscuro la negritud se hizo más intensa y ni la luz de las farolas era capaz de atravesarla y llegar al suelo. Salir al exterior se volvió entonces peligroso y la gente de bien se quedó en casa, la de mal también, sin víctimas no valía la pena arriesgarse a un tropezón. A la mañana siguiente todo el país madrugó para mirar al Este. Ante ellos la oscuridad pero a sus pies una incipiente sombra. Ese día el Sol salió por el Oeste para desolación de aquellos que creen en verdades inmutables.


 
· Encuentros desfasados · [11/07/07]
 
En el desierto de Oklahoma aterrizó un platillo volante pues estas cosas siempre suceden en USA. La pericia de los alienígenas era notable pues apenas levantaron polvo cuando las tres patas articuladas tomaron contacto con el árido suelo. El ruido de los motores era un siseo apenas perceptible que únicamente se notó al detenerse por completo, al igual que sólo notamos el rumor del aire acondicionado de la oficina cuando lo paran. Sin embargo, nadie había allí para relatar estos hechos ni nadie para dar la correspondiente bienvenida a visitantes tan insignes, si de tales se trataba pues hasta abrir la puerta no podemos decir con propiedad quién tocó el timbre. Entre tanto comentario se abrió una portezuela en la panza del aparato que fiel a su nombre tenía forma de plato, aunque sea osado en estos días tal afirmación pues cada vez se ven más vajillas con platos cuadrados, octogonales o rectangulares, sin contar con los pobres más pobres que ni plato tienen y por eso son los únicos que saben que los platillos volantes no existen y el hambre sí. Por la escalerilla que quedó al descubierto descendieron tres seres de color verde con orejas y narices trompetudas, enfundados en trajes de color plateado. Pisaron el suelo con aprensión y miraron alrededor, como cualquiera de nosotros en tierra extranjera aunque siendo del mismo planeta no debiéramos asustarnos jamás. El paisaje agreste apenas dejaba sitio para algún que otro matorral más muerto que vivo. Se miraron y sin pronunciar palabra se encaminaron hacia uno de los más próximos, con un paso bamboleante cual un trío de borrachos. Al llegar al matorral tocaron unos botones que tenían en el antebrazo. Instantáneamente se vieron envueltos en una luz azulada de gran intensidad que se extinguió gradualmente a lo largo de dos minutos interminables. Arrancaron unas ramitas, las pasaron por la botonera y volvieron a su nave espacial; cerraron la portezuela y despegaron suavemente hasta acelerar repentinamente y perderse en el horizonte. Está visto que hasta los seres más inteligentes tienen necesidades fisiológicas imperiosas.


 
· Tanto · [06/07/07]
 
Primero fue un picor en el dedo gordo del pie derecho, después una rojez en el talón del mismo pie. “Alguna infección de la piscina, seguro”, pensaba. Pero esta mañana al levantarme no pude moverme del borde de la cama. Miré hacia abajo y sentí un escalofrío al ver mis pies convertidos en nudosas raíces que horadaban la alfombra y el suelo de parquet de mi habitación. ¿Qué iba a hacer yo? El teléfono estaba en la otra habitación y comenzar a gritar me resultaba sumamente vergonzoso. Así que procuré desasirme por mis propios medios... en vano, estaba firmemente anclado al suelo. El caso es que sentía un extraño placer en esta situación pues notaba cómo a través de mis piernas fluían las historias que sucedían en mi edificio, en la ciudad, en el mundo entero. Entonces me estiré como pude hasta alcanzar el escritorio y tomé el ordenador portátil. Una vez en mi regazo empecé a escribir esto que lees. ¡Tengo tantas ganas de contaros las historias que se van agolpando en mi cabeza! antes de que mis dedos se agarroten definitivamente, antes de que mi pelo se torne verdes hojas y mis ojos miren permanentemente al infinito. Son tantas las cosas que quiero cont a  r   t    a     n      t       a        s         c          o           s            a             s              t               a                n                 t                  a                   s


 
· Apalabras · [28/06/07]
 
El político se levantó y se acercó hasta la palestra con estudiada parsimonia, nada es natural en quién pretende serlo. Colocó su fajo de papeles sobre el atril y se dispuso a comenzar el último discurso de la campaña. Miró de refilón la primera frase y, asombrado, se detuvo sobre el texto mecanografiado con nocturno empeño la velada anterior mientras, en la cama, su mujer se dormía finalmente sin haber sido querida. ¿Quién había borrado las grandes palabras? ¿Adónde habían ido a parar la “solidaridad”, la “libertad”, la “paz”, entre tantas otras? Comenzó a leer en voz alta esperando recordar las palabras adecuadas que llenasen los huecos, pero al llegar al primer vacío fue incapaz de continuar. No sólo habían desaparecido del texto sino también de su vocabulario. Los simpatizantes del partido lo miraban antipáticamente, ante lo que consideraban una muestra de pusilanimidad de su candidato. Pensaban que hubieran preferido alguien capaz de “salvar la patria”, pero no pudieron acabar de pensarlo pues el de se quedó suspendido ante un abismo de inquietante olvido. El deseo de “victoria” comenzaba a desvanecerse cuando ni esa palabra apareció para recordarles su objetivo. Una soledad espesa inundó sus almas cuando ya ni pudieron recordar al “amor” que hacía más soportable sus vidas. Era el fin, habían inflado tanto las grandes palabras que al final habían explotado.


 
· ¡Caracol(es)! · [21/06/07]
 
El caracol sintió la humedad en la entrada de su cáscara y comenzó lentamente a estirar el cuello y la cola. Estar con los ojos encerrados dentro de la cabeza gelatinosa le permitía verse a sí mismo, por lo que aprovechaba cualquier húmeda oportunidad para salir a ver mundo, que el interior no siempre es lugar que valga la pena conocer(se). Miró alrededor, primero a la izquierda y primero a la derecha, que con ojos tan flexibles era posible la simultaneidad. Por último concentró su mirada al frente y comenzó a avanzar, con calma y tranquilidad, que las prisas no son buenas. El cielo estaba despejado pero sobre él caían gotas saladas, cosa rara lejos del mar. Se topó de sopetón lento, por lo que poco sopetón era, con una pared inmensa, gigantesca, una montaña cuya cumbre se perdía en el infinito, teniendo en cuenta lo limitada que es la perspectiva de un caracol y lo exagerada que es la especie. Por la pared bajaba un reguero que se rompía en gotas saladas cerca del suelo, cayendo encima de donde el caracol había aparcado la noche anterior. Intrigado, comenzó su ascenso hacia el infinito cuando a los pocos centímetros, es decir, una hora después, llegó a la cumbre. Levantó un poco más la cabeza y estiró los ojos cuanto pudo para tener un poco más de perspectiva del terreno y, oh susto, vio que era una cara humana. Las leyendas caracolires hablaban de los humanos como seres terribles de velocidad asombrosa, seguramente estresados siempre, de los que era imposible huir. Pero esa cara no se movía, ni siquiera producía lágrimas, que eso eran, nadie estará sorprendido a estas alturas. Dormía placidamente después de llorar por un amor roto, por lo que se deduce fácilmente que el amor es como un bombón relleno pues es dulce y cuando se rompe salen lágrimas. El caracol intrépido dio media vuelta y volvió lo más rápido posible por donde había subido, es decir, ahora tardó cincuenta y cinco minutos. Una vez en el suelo se encerró en sí mismo y meditó introspectivamente sobre lo sucedido. Desde entonces los caracoles son hermafroditas.


 
· Magia potagia · [18/06/07]
 
En un lugar muy remoto hubo una vez una pequeña aldea aislada en la que todos eran magos. Los aldeanos cumplían todos sus deseos simplemente con recitarlos junto al conjuro oportuno. Apenas había avanzado la tecnología más allá de lo básico, no era necesaria. Siquiera existía el reloj cuando el tiempo había sido también dominado y nadie necesitaba ese artefacto para recordarse esclavo de él. La gente vivía feliz aunque no era consciente de ello. Cierto día llegó un forastero, harapiento y cargando un pequeño hatijo con sus escasas pertenencias. Dijo conocer las extrañas habilidades de los lugareños cuando no se sabía de nadie que jamás hubiese marchado del lugar. Tras mucho insistir consiguió reunirlos a todos en la casa mayor. Su intención era explicarles lo que había más allá de las montañas. Les habló durante horas de miseria, violencia e injusticias; y, sin embargo, también de gente que se sentía viva porque luchaba contra todas las desgracias con las manos desnudas, sin más poder que el de pisar la tierra que la recibía al caer. Los aldeanos se miraban sorprendidos y poco a poco fueron sucumbiendo al extraño embrujo de las palabras del forastero, a sentirse avergonzados por sus poderes mágicos, por su vida fácil y, aparentemente, sin mérito que le diera merecimiento de ser vivida. Así todos a una clamaron que dejarían de utilizar la magia en ese mismo momento y lanzaron un último conjuro de limpieza, quedando sin poder alguno. Entonces el forastero comenzó a reír, “estúpidos, he sido enviado para eliminaros aunque me vaya la vida en ello, la magia no tiene cabida en el mercado global, sólo la explotación de la vana esperanza es rentable”. Y fallecieron lentamente de inanición pues nadie pudo salir de la casa, las puertas no tenían pomo, nunca lo habían necesitado antes.


 
· Feo · [30/05/07]
 
Nunca me ha gustado mi aspecto, lo cual es uno de los pocos gustos que comparto con el resto de la gente. Nada más nacer, la comadrona le dijo a mi padre que esperaba ansioso: “ha sido feo”. Mi apodo en el colegio era “eso” y en el instituto todas las chicas tenían novio, o eso me decían. En la universidad me confundían con el bedel, que siempre son feos, por lo que a clase iba con mi carpeta para tomar apuntes y el proyector de transparencias para el catedrático. Terminé la carrera sin pena ni gloria, sin apenas molestar, pero mis compañeros no me dejaron aparecer en la orla. Cuando salía por la puerta de atrás de la universidad, tomé la determinación de terminar de una vez por todas con mi vida de feo. Al llegar a casa fui directo al lavabo y eché el pestillo, el metálico, se entiende. Metí los dedos en la nariz y tiré con fuerza en dirección a la frente. Un crujido me indicó que el tabique nasal había cedido. Seguí tirando hasta que la carne se desgarró en dirección a las orejas permitiendo, por último, arrancarme todo el cuero cabelludo y dejarlo colgando en la nuca como unas greñas de rastafari. Los labios los dejé en su sitio de momento pues podía tener sed antes de terminar y todo el mundo sabe que es muy difícil beber sin ellos. A continuación comencé a estirar los bordes del ombligo, lo cual me resultó molesto pues me producía cosquillas. En previsión me había metido dentro de la bañera pues rápidamente las tripas comenzaron a desparramarse por el fondo. Una vez haberle dado la vuelta completa al ombligo, como si fuese una cremallera alrededor de la cintura, tuve sed y bebí. Por suerte no había dañado ningún intestino pues no detecté pérdidas. Bajarme la piel hasta los tobillos fue fácil, como quitarse un pantalón. El sexo no lo toqué porque es pecado. Sólo me quedaba la piel del pecho y los labios que, utilizando la misma técnica habitual, me quité como si de un jersey se tratase. Una vez sin cueros y con el interior al aire me miré en el espejo y pensé: “La belleza está en el interior”.


 
· Batalla naval · [23/05/07]
 
Tus labios son la línea de flotación
contra la que lanzo torpes besos.
Déjate naufragar entre mis brazos
que saben a mar, amor, luz y cielo.


 
· Duda quirúrgica · [16/05/07]
 
Le pregunté al doctor que me había abierto en canal si, en su incursión por mis entrañas, había atisbado lo que buenamente pudiese llamar alma. Atónito tras la mascarilla verde me llegó su voz con la respuesta: “Su alma, caballero, no reside en su interior, sino que la tiene a flor de piel, cabalgando los rayos de su mirada e impregnando el sonido de sus palabras”. Menos mal, yo que temía haberla perdido junto con lo extirpado.


 
· Epigrama · [06/05/07]
 
ERES TÚ
EN ESTE
MOMENTO
 
ATIENDE
AL AQUÍ
MIRA LO
QUE VES
 
ESTUDIA
LA VIDA
APRENDE
DEL SER


 
· Azul cielo · [26/04/07]
 
Menos mal que el trozo de azul del cielo se desprendió sobre la zona desértica de los Monegros, así no hubo que lamentar víctimas. Es más, es probable que el desperfecto no se descubriera hasta pasados unos días. Pero una vez que alguien dio la voz de alarma fue imposible acercarse al lugar pues se hizo cargo del asunto el aparato del Estado con el secretismo que le es propio. Sin embargo, el desconchado en el cielo se veía incluso desde Burgos. Entonces se mandaron algunos fragmentos a analizar a laboratorios de Barcelona, donde están los mejores laboratorios de España; aunque parece ser que algún otro fragmento se envió también a Madrid por si se daba el caso de tener que rebatir algún argumento independentista que relacionara la azulidad del cielo con el hecho diferencial de Aragón. Mientras tanto, para paliar el efecto estético adverso que presentaba un agujero en el cielo, el gobierno lanzó un enorme globo aerostático pintado de azul cielo que un par de helicópteros se encargaron de colocar en el sitio adecuado. Así se logró que desde tierra apenas se viera el desperfecto, pero como desde un avión quedaba patente la chapuza, se decidió desviar las rutas comerciales unos diez grados norte con la excusa de evitar que un nuevo desplome pudiese provocar un accidente. Entre tanto, en el laboratorio de Barcelona descubrieron que el trozo de azul del cielo se había desprendido por envidia... envidia de tus ojos, mujer.


 
· Lobo · [16/04/07]
 
Soy un lobo maldito que sólo puedo ser yo mismo las noches de luna llena. El resto del tiempo me transformo en ser humano, cruel como todos ellos. En su mundo no existe la solidaridad de la manada, los sentimientos son aplastados por la artificiosidad, no hay aullidos puros sino palabras malévolas. Su racionalidad es un perfecto generador de excusas para los actos más irracionales que desarrollan, las más de las veces, a costa de sus congéneres. Cuando ese ser sueña sueño con mi libertad y mientras tanto espero latente la llegada de la luna salvadora. Es entonces cuando noto en mis fauces el sabor de la desconfianza y la melancolía que sus actos han generado. Y ni la sangre de mis presas es capaz de lavar tanto amargor.


 
· Calculadora · [03/04/07]
 
La calculadora perdió la tecla de sumar, la más importante, que si hubiera sido cualquier otra no hubiera tenido apenas importancia. Pero la de sumar, siendo tan necesaria, era asunto grave. Y no sabía cómo había sido, tras una división rutinaria quiso sumar y sólo se encontró con el agujero en su teclado. Miró debajo de sí misma y dentro del compartimiento de las pilas, miró hacia los naturales positivos y hacia los racionales negativos; incluso le preguntó a su propietario que no la entendió pues de siempre había sido un patán para las matemáticas. Entonces, en el diferencial de lo que dura un suspiro se apagó agotada: ya no podía ser útil a la humanidad. Sin la suma no habría nunca un crecimiento pausado, la multiplicación llevaría al desborde infinito y la división y la resta acelerarían nuestra desaparición.


 
· Socavón · [28/03/07]
 
El socavón apareció justo al final de la calle mayor, donde comienzan ya los campos. “Menos mal que no pasaba ningún vecino en ese momento”, decían todos pensando en a quién hubiesen deseado que pasase en ese momento, que todos queremos el bien pero a algunos les queremos un poco menos. Tiburcio, el de la farmacia, fue el primero en acercarse hasta el borde. Cipriano, el del colmado, le sujetaba firmemente por la cintura, dando así pábulo a las malas lenguas que decían que ambos no necesitaban de socavones para sujetarse mutuamente. El fondo no se veía, como el de algunas personas que ni buenas son porque carecen de él. Melitón, el alcalde, dictó un bando prohibiendo que nadie tirase basura después de ver a Radegunda, la beata, tirar las revistas guarras de su sobrino Eufrasio, el estudiante, que con la excusa de explorar el interior se deslizó con cuerdas para recuperarlas. La profundidad del socavón era de apenas veinte metros y en el fondo una hermosa flor. ¿Qué pinta una flor en esta historia? Será cosa de la primavera que siempre vuelve a aparecer cuando todo parecía negro y sin fondo.


 
· San Miguel · [22/03/07]
 
San Miguel estaba sentado en el borde de una nube, balanceando los pies. Sufría uno de esos días de gloria en los que un tedio celestial le impregnaba hasta la última pluma. Volar de aquí para allá perdía todo interés y adorar a Dios le parecía poco menos que un peloteo hipócrita. Consideraba que la verdadera grandeza está en adorar a nuestros iguales, además de que un ser superior jamás permitiría su endiosamiento. Desde la nube veía a lo lejos a los querubines juguetear con las querubinas, pobres ellas, ángeles de tercera que ni siquiera la divina providencia había permitido que existieran en los textos sagrados. Eran tantos los designios incomprensibles y tanta la eternidad transcurrida, que se había acostumbrado a acatar las órdenes flamígeras sin rechistar ni buscarles justificación. Sólo cuando las nubes parecían negras a su mirada, le asaltaban las dudas y se alejaba momentáneamente de la corte celestial: mejor evitar cualquier encuentro con el jefe omnipresente. Entonces se pasaba horas balanceando los pies y mirando hacia abajo, y si alguna lágrima se le escapaba se convertía en lluvia ácida. “Tendría que haberme ido con él”, se decía, y es que no podía evitar echar de menos al que había sido su mejor amigo, Luzbel, el primer ángel que voló.


 
· bum · [12/03/07]
 
El terrorista puso disimuladamente la bomba detrás de la papelera. El temporizador dispararía el detonador una hora más tarde, cuando el lugar estuviese abarrotado. Se dibujó una sonrisa en su cara, “será un bonito trabajo, la causa lo merece”, pensó. Con calma salió a la calle y torció a la derecha. Esperaría en el bar de la otra esquina para no perder detalle del espectáculo. Pidió al camarero una caña y un bocadillo de tortilla y se sentó junto a la ventana, “espero que la onda expansiva no rompa estos cristales”, pensó. Entonces vio como comenzaban a llegar las madres con sus niños, también algún padre pero pocos, “aún está lejos la igualdad de sexos”, pensó. A la hora prefijada se escuchó la fuerte explosión y, después, silencio. Adultos y niños ensangrentados salían dando tumbos, otros se intuían en el suelo, inmóviles, por todas partes salpicaduras y trozos de vida destrozada. “¿La causa lo merece?”, no pensó.


 
· CALIBRES 33 [textos de 33 palabras sobre Amor y/o Carnaval] · [05/03/07]

Máscaras (27/01/07)
 
Me quité la máscara de diablo y me puse la corbata para ir a la oficina. Soy un ejecutivo agresivo. Al volver a casa me quité la máscara de diablo y la corbata.
 
Ignorante (27/01/07)
 
Calla, no me lo digas, prefiero no saber
que nuestro amor no vino de Cupido.
Igual me da si eran uniones neuronales
alteradas, hormonas fruto del genotipo
y lo creído pasión, instintos animales.
 
Disfraz (28/01/07)
 
No era mi intención asustarte, de verdad, te quiero, piensa que estamos en Carnaval, por eso me disfracé, lo siento, no te vayas, por favor, si quieres me vuelvo a tapar la cara.
 
Casualidades (28/01/07)
 
En un baile de disfraces tropecé con una silla que resultó ser la mujer con la que sentaría cabeza, me casé. El año pasado tropecé con una ninfa y mi mujer se alarmó.
 
Política (30/01/07)
 
El día de Carnaval el presidente se disfrazó de principal opositor y el opositor de presidente electo, y así trabajaron de acuerdo con sus papeles el resto del día. Nadie se dio cuenta.
 
Alumno (03/02/07)
 
Qué bien lo pasé estudiando en la escuela de chirigotas de Cádiz, colaborando con las letras y cantando todos a coro. Aún recuerdo cuando terminé y en lugar de título me dieron risa.
 
Disfraces (11/02/07)
 
Disfracé mi amor de indiferencia
para que ella notase mi ausencia.
Disfracé mi presencia de sorpresa
para que ella se sintiese princesa.
Le dije un “te quiero”, un abrazo.
Desde entonces sigo disfrazado.
 
Tenerife (13/02/07)
 
El Teide entró en erupción cuando prohibieron los carnavales. Los ríos de lava incandescente y los gases mataron a todos los tinerfeños. Al año siguiente volvieron a permitirlos pero nadie quedaba para disfrazarse.
 
Sin título (18/02/07)
 
Se disfrazó de sombra, toda de negro. Al volver a casa pasó por debajo de la puerta y esperó sentada. Cuando ella llegó la sombra volvió a ser real y lo real sombra.
 
Amor tórrido (24/02/07)
 
Quién fuera vestido
para ceñir tus curvas
vertiginosas,
de hembra.
Quién fuera crema
para extenderme
por tu piel de seda
y sentirme cual beso.
Quién fuera tuyo
para no estar fuera,
sino dentro.


 
· La velada · [25/02/07]
 
Compró dos velas estilizadas de color miel, porque las cortinas eran de ese tono y el mantel que había comprado en la otra tienda también. Mahler sonaría de fondo y tres horas antes quemaría una barrita de incienso para aromatizar la habitación. En el centro de la mesa un pequeño jarrón de vidrio con unas margaritas blancas... Él, que se consideraba muy macho, no permitió que encendiese las velas cursis. Él, que era un forofo del Barça, pidió parar la música y sintonizar el partido. Él, que era fumador, mató el olor del incienso tras su primera calada. Él, que dijo ser alérgico pero era muy macho, provocó que las margaritas cursis terminasen en el cubo de la basura... El café se lo tomó en un bar.


 
· dioses y diablos · [17/02/07]
 
La ofensa se remontaba al origen de los tiempos, cuando Satán decidió abandonar el paraíso harto de que siempre hiciera buen tiempo y de que las buganvillas estuviesen permanentemente en flor. Entonces Dios, en su absoluta arrogancia, se había sentido terriblemente ofendido “con la de días que ha costado hacerlo” y no escuchó las razones de Satán, buenas o malas, qué sé yo, pero eran suyas y eso debiera haber sido suficiente para escucharlo. Entonces Satán se fue cabizbajo a ver mundo y, como en un principio no había nada más que paraíso, se creó el mundo que nosotros conocemos para poder verlo. Hacía ya una eternidad de todo ello cuando de repente sonó el teléfono del despacho de Satán:
 
—Satán al habla, dígame.
 
—Hola Satán, soy Dios.
 
—¡Válgame Dios!, no te ofendas, es un decir. Tanto tiempo sin saber de ti, pensaba que te habías retirado, ¿en qué puedo ayudarte?
 
—Sí, verás, he estado pensando mucho últimamente y... bueno... en fin... ¿no crees que va siendo hora de que nos reconciliemos?
 
—Pues vaya... sí, y tanto que sí. Las criaturas humanas están necesitadas de nuestro ejemplo.


 
· Amanecer invernal · [28/01/07]
 
Las brumas de la mañana son los fantasmas de los bosques que huyen al amanecer. En su ascenso sólo pueden arrastrar la negritud del cielo pues las ramas de los árboles fijan el azul en su inmensidad. Y el hombre que mira a lo alto se siente pequeño porque, a fin de cuentas, lo es.


 
· Mañana · [26/01/07]
 
—¿Cuando piensas comprármelo? —preguntó ella.
—Mañana, cariño, mañana. —respondió él.
 
Y con cada nuevo hoy, mañana del ayer, se repetía la misma cantinela:
 
—¿Cuando piensas comprármelo? Venga, di.
—Mañana sin falta, mi amor.
 
Hasta que un día él se lo dio dentro de una cajita de terciopelo azul.
 
—¿Y las gracias?, ¿no me las das? —preguntó él ansioso.
—Mañana. —respondió ella.


 
· AP-68 · [21/01/07]
 
Salgo del coche a duras penas, supongo que daría algunas vueltas de campana, no lo recuerdo. Tampoco sé dónde estoy, ni siquiera qué momento es, pero hace sol aunque lo sienta frío. ¿Iba solo?, cómo saberlo si no recuerdo ni quién soy, volveré a mirar por si acaso. Me paso la mano por los ojos entelados de la sangre que noto correr desde la frente, estoy herido, los médicos dirán cuánto. Vuelvo sobre mis pasos y mis manos, me arrastro. Miro por donde antes estaba el parabrisas y ahora sólo quedan fragmentos en las esquinas, parecen telarañas de cristal, mi mente se dispersa con fantasías, ¿estaré a punto de desmayarme? Dentro del coche distingo un bulto inmóvil, aferrado al volante, el cinturón todavía puesto y la cabeza echada hacia atrás en un ángulo imposible. Me duele todo pero tengo que acercarme más, tengo que tocarlo y ver si está vivo, ver quién es para comenzar a recordar o, simplemente, saber a quién llorar. Adelanto el brazo y consigo aferrar un mechón de pelo. Estiro y la cabeza se mueve sin ofrecer resistencia, como un muñeco roto. Esa cara me resulta familiar, la reconozco casi al instante, no he sobrevivido al accidente.


 
· Aceras · [15/01/07]
 
Las aceras son duras y están ligeramente por encima del nivel de la calzada, con un bordillo que nos protege como eximia muralla frente a los coches (fieros dragones humeantes... ¿te gusta metaforizar?). En la acera nos cruzamos con los demás y todos vamos a algún sitio, no precisamente el mismo para tranquilidad de las autoridades que velan por nuestra integridad y su orden. Y en este deambular nos olvidamos de que en la superficie misma de la acera, justo a ras de nuestras suelas, comienza el cielo.


 
· Ascensor · [12/01/07]
 
El ascensor de mi edificio
no se detiene nunca
ni en la primera ocasión,
ni en la segunda oportunidad,
ni en la tercera va la vencida,
ni en la cuarta dimensión,
ni en el quinto pino,
ni en el sexto sentido,
ni en el séptimo cielo,
ni en el octavo... ¡mambo!
pues mi piso es el noveno
y hasta aquí subo andando.


 
· Perspicacia térmica · [06/01/07]
 
Nunca creí en los Reyes Magos, siempre he sido muy perspicaz. Mis padres atribulados desistieron pronto de querer convencerme de semejante falsedad y acordamos simplemente respetar las formas externas que los ambientes infantiles imponían. Me sentía mayor y feliz al contribuir a que mis amiguitos de la guardería siguiesen en la inopia. Así que cuando el otro día compré un termómetro en la farmacia quise verificar su correcto calibrado. Nada más llegar a casa tomé un vaso, unos cuantos cubitos y me fui al lugar de experimentación escogido. Llené el vaso de cubitos y esperé a que comenzase la licuación. Cuando había descongelado más o menos la mitad introduje el termómetro: -1 ºC. ¡Imposible!, el agua congela (y, por supuesto, descongela) a 0 ºC. Evidentemente había tomado la precaución de tomar agua destilada y el experimento lo hice tumbado en la playa de la Barceloneta. Tras sacudirme la arena regresé airado a la farmacia:
 
—Hola, me han vendido un termómetro que no está bien calibrado. Marca un grado negativo en la congelación del agua.
—Señor, eso es imposible. Todo el mundo sabe que el agua congela a 0 ºC.
—Cierto, eso mismo pensé yo, por eso mi termómetro está mal o... quizás sea peor de lo que creía.
—¿Qué quiere usted decir?
—Usted ha dicho que el agua congela a 0 ºC, pero los termómetros se calibran precisamente tomando como referencia que el agua congela a 0 ºC. Es decir, los 0 ºC de la congelación del agua son los que marca un termómetro calibrado a partir de la congelación del agua a 0 ºC. ¡Dios mío!, quizás ha cambiado la realidad, quizás ha variado esa constante universal que es la temperatura de congelación del agua, valor que rige nuestras vidas y es la base de toda la tecnología existente. ¿Se imagina qué sucedería si hubiese que ajustar todos los termómetros a un grado menos?, de entrada las lecturas serían de un grado más, ¡todo el mundo tendría fiebre!, ¡se colapsarían los hospitales!
—¿Quiere aspirinas?
—Sí, dos cajas.


 
· Postre · [03/01/07]
 
—Ambrosio, este trozo de pastel tiene una mancha verde, ¿es crema o moho?
—Señor, se trata de sirope de menta.
—¿Y esto que parece mierda de paloma?
—Señor, es merengue.
—Ah, ¿y estos cagarros negros?
—Señor, son granos de café caramelizado.
—Entonces, ¿qué son estas garrapatas con publicidad en el lomo?
—Señor, son Lacasitos.
—De acuerdo, gracias.
—A su servicio, señor.
 
—Cariño, lo tuyo no es el trato afable con el servicio.
—Mi vida, a los criados hay que atarlos bien corto.
 
—Paquita, el señor ha vuelto a hacer uno de sus numeritos con el pastel.
—Tranquilo, Ambrosio, ¿te ha preguntado por los fideos de chocolate blanco?
—No, ha sido lo único que no ha utilizado para insultarnos.
—Menos mal, son gusanos muertos.


 
· tempus fugit · [01/01/07]
 
Hay días en los que el tiempo se detiene, nos mira a los ojos y nos dice: “Mañana iré más rápido que nunca”. Entonces comprendemos que hay cosas que nunca llevaremos a cabo, veremos escapar las oportunidades en un remolino tras el tiempo en fuga. Y estaremos quietos en medio del vendaval de horas que transcurren, habremos llegado a la mitad de nuestras vidas sin ser conscientes de haber vivido. Todo fue vano pues se trocó en pasado lejano, y el futuro resulta menos halagüeño en tanto que aún no existe. Mientras tanto el presente, ese instante inaprensible, se reirá a nuestras espaldas y no nos podremos girar para preguntarle el motivo. Y al final, si algún rastro queda tras nuestro será por haber arrastrado los pies.


 
· Luna azul · [22/12/06]
 
Amor, te quise tanto, tanto,
cuando pensaba quererte,
que ahora que no pienso
siento que no te quiero.


 
· Ranueva · [18/12/06]
 
La rana metió en un hatillo de helecho sus pocas pertenencias y de un salto abandonó la charca. Ante ella se extendía el inmenso erial que rodeaba aquel eximio afloramiento de agua, paraíso líquido, cuna y sepultura de sus ancestros, hogar de los allegados. Matojos secos y rastrojos crujían cuando el viento soplaba a su través, no había vuelta atrás, la decisión había sido tomada y el primer salto ya había sido dado, las consecuencias sólo podían ser inevitables a partir de aquel momento. Durante el día se agazapaba en la sombra de alguna piedra, no hubiera resistido los hirientes rayos que a otros colman de alegría. Avanzaba de noche cuando todos los gatos son pardos y no pocos los peligros para una rana del páramo, pero ella avanzaba con la fuerza de sus ancas, seguía recto, hacia donde la noche siempre parecía más oscura, hasta que los primeros rayos del sol aparecían invariablemente tocando a retreta. Pasaron varias noches con sus días, sombras que proyectaban cuerpos aunque todos opinen lo contrario. Continuaba infatigable, salto a salto avanzaba, poco cada vez pero suficiente para dejar atrás la tortuga de Zenón inmovilizada desde tiempos inmemoriales en su paradoja. Llegó el alba del séptimo día, quizás un número especial para la cábala pero que para una rana lo único extraño que se le podía achacar es que terminase en timo. En uno de sus saltos cayó en terreno húmedo, otro salto más y aún había más humedad, un tercer salto y era agua lo que la recibió; el agua no juzga, sólo moja. Había llegado a dónde nadie la esperaba para encontrarse a sí misma.


 
· Mi blog · [15/12/06]
 
Inquieto cada vez más ante las inquietudes que me inquietan y queriendo dar desahogo al ahogo que me producen, hace una semana decidí crear un blog para mis momentos de intimidad pública. El lunes escribí lo mal que me cae el jefe en la puerta del lavabo del excusado, un clásico de la introspección. El martes lo escribí en la máquina del café, promoviendo la tertulia. El miércoles lo escribí en el techo de la oficina, cambiando puntos de vista. El jueves lo grabé con un buril en el parabrisas de su coche nuevo, ampliando horizontes. El viernes me despidieron, total, por un blog.


 
· Activia 2.0 · [11/12/06]
 
Por los pasillos de las oficinas ultrasecretas de Danone (sólo conocidas por Google) venía corriendo un señor con bata blanca y una probeta en la mano. Abrió de sopetón la puerta de uno de los laboratorios, sin hacer uso del identificador por iris ocular que no funcionaba desde que una trabajadora gallega le echase mal de ojo. Los compañeros desviaron su atención de los instrumentos en pos del intruso, menos Paco que estaba ensimismado mirando por microscopio cómo copulaban dos bífidus especialmente activos. “Pero bueno, que hay gente trabajando, un poquito de por favor”, dijeron al unísono. Ramón, el intruso, se detuvo en seco bajo el umbral, con la probeta en la mano y el sonrojo en las mejillas. “Lo tenemos, ¡lo tenemos!”, dijo. Sus compañeros se pusieron en pie de inmediato, menos Paco, y comenzaron a lanzar gritos de alegría. Por fin se había logrado una nueva generación de bífidus capaces de aniquilar los de la competencia. Bastaría un único yogur para que el cliente quedase inmunizado contra cualquier otro no patentado por Danone, ¡un hito de la ingeniería alimenticia! Entonces Paco apartó distraído la mirada del microscopio y mientras miraba con tristeza a sus compañeros dijo: “Haz el amor, no la guerra.”


 
· Prisionero · [08/12/06]
 
Es esta celda tan grande
que los barrotes no veo,
es la cadena tan liviana
que su contacto no siento.
¿Dónde estás, carcelera,
para librarme de tu deseo?


 
· Escribiendo un cuento · [03/12/06]
 
Encendí el ordenador porque quería escribir un cuento de terror. Para empezar debía de crear el ambiente propicio para la historia, así que apagué las luces y dejé que la pantalla iluminara tenuemente mi cara y el teclado. El ordenador seguía su lento proceso de arranque. Encendí dos velas a la izquierda y coloqué un crucifijo a la derecha apoyado en una copa junto a una rosa marchita. La barra de color azul seguía surcando la pantalla, deteniéndose algunos momentos para volver luego otra vez a moverse. Después del ambiente era importante encontrar un personaje que fuese creíble como víctima, pues para héroes ya están las historias románticas. Alguien alto, desgarbado, pálido y con una tos enfermiza, como yo. “Se está cargando su configuración”. Una vez creado el ambiente y escogido el personaje tocaba imaginar la situación en la que se vería implicado, algún toque sobrenatural o un contacto con la muerte sería suficiente. Un pitido del ordenador me arrancó de mis pensamientos y me obligó a fijarme en la pantalla: “Windows no pudo cargar su configuración, fue eliminada cuando usted murió.”


 
· Rana lunera · [29/11/06]
 
La rana de la charca estaba tomando la luna panza arriba sobre su nenúfar favorito cuando vio pasar una estrella fugaz. Rápidamente pidió un deseo, dio tres saltos seguidos, se zambulló, tocó el fondo, se subió de nuevo y dio otros tres saltos; tal como dicta la tradición ranil si se quiere ver el cumplimiento de los deseos estelares. Tumbada de nuevo vio pasar otra estrella fugaz. Suspiró, era consciente de que la tradición ranil dice que en el caso de una segunda estrella fugaz la misma noche hay que doblar los esfuerzos, triplicar para una tercera, cuadruplicar para la cuarta, etcétera. Así que pidió un nuevo deseo, dio seis saltos seguidos, se zambulló, tocó el fondo, salió a tomar aire, volvió a tocar el fondo, se subió al nenúfar y dio otros seis saltos. Agotada cerró los ojos por si acaso y comenzó a soñar con un paraíso pantanoso lleno de insectos. Y es que las ranas de antaño eran muy sabias y sabían que es mejor tener el menor número de deseos posible.


 
· Atalaya · [23/11/06]
 
—Perdone, ¿usted cree en Dios?
—¿Cuál de ellos?
—El único y verdadero.
—¿Y cuál es ése?
—Jehová, claro. En esta revista le expli...
—¿Y qué dicen los otros dioses de que Jehová se autoproclame el único y verdadero?
—¿Los otros dioses? Que yo sepa no han dicho nada. Mire, en esta revis...
—Pues mientras no haya consenso no creeré en el suyo como único y verdadero.


 
· Motivos personales · [19/11/06]
 
Ya me lo decía mi abuela cuando siendo niño hacía morros a una comida desagradable: “te quejas de vicio, piensa en todos aquellos que no tienen qué comer”. Desconozco cual sería su verdadera intención al decirme aquello, pues las acelgas seguían sabiendo igual de apestosas y, encima, se añadía la pesadumbre de pensar en los hambrientos que no tenían mis asquerosas acelgas para llevarse a la boca. Después, mientras atravesaba los inestables años de mi adolescencia, cuando algún día me mostraba huraño y tristón, mi madre, fiel seguidora de las enseñanzas de mi abuela, me decía: “no estés triste, piensa en todos aquellos que están peor que tú”, pensando cuando menos en lisiados y tullidos. Entonces me hundía aún más pensando en que debía de ser algo imbécil por no tener “verdadero motivo” para estar así, ni siquiera tenía el consuelo de intentar lesionarme gravemente, pues siempre habría alguien en peor estado que yo. Más tarde, cuando ingresé en la efímera juventud que tanto nos empeñamos en que dure, cuando algún día irradiaba felicidad y alegría siempre aparecía el amigo concienciado que, sutilmente, me hacía ver que era vergonzoso que yo disfrutase tanto cuando aún había tantas injusticias en el mundo pues, según él, mi disfrute equivalía a un espaldarazo al sistema capitalista que oprimía a los desfavorecidos... vamos, que me amargaba la fiesta. Y ahora, cuando los niños por la calle ya me dicen “señor, ¿nos pasa la pelota?” y ya no tengo derecho al “Carnet Jove”, ahora que hasta me gustan las acelgas y hay ciertos amigos que he preferido olvidar, cuando estoy melancólico pienso en todos aquellos que son felices en algún lugar del mundo en ese preciso instante y me digo: “me quejo de vicio, seguro que hay alguien alegre en estos momentos”.


 
· xq · [14/11/06]
 
El perro ladraba lastimero pero no conseguía detener las patadas que acababan con su vida. Maldita la hora en que había osado volver a ese jardín desolado, poblado de hierbajos, donde no había lugar para las flores y el cuidado. Allí vivía él, el amo, el mismo que antaño había acariciado su lomo y se empeñaba durante momentos interminables en lanzar lejos el palo que el perro se apresuraba a devolver. Era entonces tiempo en el que el jardín era un vergel, con sus miles de flores ocupando el lugar debido, compitiendo en esplendor con las que entorno se encontraban, todas protagonistas y todas coro y comparsa. El corto entendimiento del perro no alcanzaba a comprender qué había sucedido, que aunque ese pie enfundado en la dolorosa bota era el mismo de entonces, el impulso no podría provenir de él, ¿por qué? Fue entonces, al hacerse esa muda pregunta, que el perro comprendió que lo irracional en los humanos provenía del tormento que les provoca esa pregunta, ¡¿por qué?!, que él, pobre perro de corto entendimiento, sabía que es una pregunta que nunca debe plantearse.


 
· Under cover · [09/11/06]
 
Apaciblemente tumbado en la cama, mirando la gotera del techo, me aborda un pensamiento incierto, ¿es este mundo sólo para aquellos que progresan a costa de hundir en la desgracia a los demás? Es cierto, el techo necesita una reparación urgente, llamaré mañana mismo al albañil amigo de mi padre que se caso con la cuñada de mi tío Eufrasio. En la guerra civil mi tío luchó en el bando republicano por no salir de su pueblo, así que cuando ganaron los otros no tuvo ningún reparo en cambiar de bando. Sin embargo, por necesidad tuvo que emigrar a Alemania para ejercer su profesión de carpintero. Allí conoció a Hildegarda, la que más tarde sería su esposa y mi tía. Ella le dio dos hijos y una hija: Fulgencio, Melitón y Radegunda.
 
Desde mi horizontalidad cavilo sobre la posibilidad de que el éxito sólo se consigue cuando otros fracasan, al igual que no puede haber ricos si no hay pobres. Sin embargo, la vida de mi tío en Alemania no era muy holgada. Parte de su sueldo lo mandaba a su pueblo para costear los gastos del tratamiento médico de mi abuela. Así que Hildegarda se dedicó a criar a los hijos de los opulentos de la ciudad en donde vivían, mientras que Eufrasio hacía tantas horas extra que prácticamente sólo iba a casa para dormir. De esta forma pudieron costear los estudios de sus tres hijos.
 
Comienza a oscurecer y lentamente se desvanece en la penumbra la mancha del techo. En la oscuridad de la habitación creo encontrar una luz a mi pensamiento. El problema de triunfar a costa de los demás radica en no reconocerlo, en despreciar a aquellos que nos han servido de plataforma para continuar avanzando. Así que cuando mis primos acabaron sus estudios no les fue difícil encontrar un buen puesto de trabajo. Fulgencio se dedicó con éxito a la abogacía, Melitón se convirtió en la mano derecha del ingeniero jefe de una consultoría técnica, y Radegunda triunfó como analista financiera en un periódico de prestigio internacional. Mientras tanto, mi tío Eufrasio y su mujer Hildegarda, muy desmejorados para la edad que tenían, veían como el éxito de sus hijos se transformaba en una barrera para comunicarse con ellos. No tardó muchos años en desaparecer por completo la relación. ¿Es qué mis tíos habían cambiado? Ellos reconocían su culpa, ya no eran dignos para sus hijos.


 
· Esperando · [03/11/06]
 
Esperando vivir algún día
sientes que el entorno
hiere, que tus amigos
no lo son tanto
y el trabajo un fracaso.
Esperando vivir algún día
¿seguirás siempre esperando?

Escrito por Amkiel