Váteres

Publicado en 21 Diciembre 2009

VáteresEn todas partes se utilizan los váteres para lo mismo, ciertamente, pero no del mismo modo. A mí, la verdad, me angustia oír los sonidos que emiten mis vecinos de cubículo en un váter público. Pero en los Estados Unidos no sólo se escucha ese sonido de la gente que hace sus necesidades detras de las puertas de los váteres, sino que mientras que tú te estás lavando las manos, puede entrar un señor y tirarse un pedo impresionante con toda tranquilidad, justo delante de ti. «¿No es aquí el lugar idóneo para tirarse pedos y hacer cacas? —pensarán— pues venga, ¡aquí lo tenéis!». Tanto es así que en la Universidad de Cincinnati no había ninguna separación entre los cuatro váteres donde dos o tres profesores hacían sus esfuerzos en amable camaradería. Lamarcke había dicho que «la necesidad crea el órgano»; aquí parecen pensar que la función del lugar debe ser transparente, lo que implica ver y escuchar todos los órganos que el vecino tenga a bien utilizar.

En Alemania son más literarios y meticulosos. Una empresa de Baviera, consciente de que a la gente le gusta dibujar o escribir chistes verdes en los váteres, se avanzó y los puso ella misma —eso sí, bien impresos y plastificados—. Buena lección de pragmatismo germánico: si queremos evitar que nos ensucien la pared o la puerta, hagámoslo nosotros mismos y acabemos con el tema: hagamos los váteres con chistes verdes incorporados.

En Japón la cosa es distinta. Estuve allí con mi madre y nos encontramos en una situación que ilustra muy bien la actitud de este país. Era en el hotel New Otani, de Tokio, y ambos queríamos ir al lavabo. En el vestíbulo había dos puertas, una identificada con un señor con bigote y sombrero; la otra con la figura de una señora y un parasol. Entramos cada uno por la puerta correspondiente, pero una vez pasada ésta nos encontramos ambos en la misma habitación. Supongo que los japoneses, para quien los lavabos son siempre unisex, habían razonado la cosa del siguiente modo: «¿Así que los occidentales quieren una entrada para hombres y una para mujeres? Pues bien, hagamos un diseño a su gusto; dos puertas fuera, pero dentro, todo queda como siempre en casa».

He aquí como la observación de los váteres nos puede ayudar a entender cómo son y viven países distintos. Del nuestro, ya para acabar, resulta muy representativo el lacónico cartel que descubre Marc Álvaro en la consigna maloliente y pringosa de la estación de metro de Plaza Catalunya: «Recordamos a los señores viajeros que las consignas no son urinarios».

Por sus váteres los conoceréis...

Escrito por Xavier Rubert de Ventós

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