Un día cualquiera y otros días

Publicado en 7 Diciembre 2009

Estoy despierto muy de mañana de cara a una luz cenicienta de planeta quemado. Hace tiempo que oigo la barahúnda loca de los coches y, de pronto, como si fuera un milagro, un pájaro trina, al parecer contento, cerca de la ventana. Como no vuelvo a oírle, supongo que no lo ha enjaulado ningún vecino y es un pájaro libre. En mi casa, con apartamentos de extensión variable, hay no pocos vecinos enjaulados que enjaulan a un pájaro para sentirse ellos libres. En estos días decembrinos no suelo oír pájaros por las mañanas, aunque, a veces, he puesto en la terraza algo de pan. Hasta mi quinto piso llegan, sobre todo, ruidos de sirenas, coches y motos, ladridos de perros, llamadas insistentes de coches bloqueados que quieren salir, llantos de niños y voces abroncadas o de amistad. La vida nacional y la de algunos españoles de mi barrio está ahí, sin tapujos, para el que quiera saberla. La gente grita y, cuando ella no grita, gritan, como era de esperar, sus criaturas o su moto o su coche.

Pongo la radio mientras desayuno y sale una voz pastosa cantando un amor nostálgico en inglés —que me suena a falso—, bajo nubes y en praderas verdes. Esto de cantar el amor en vez de practicarlo es un vicio de los anglosajones muy arraigado, con excepciones latinas, como Frank Sinatra. Yo he vivido muchos años entre los británicos y no recuerdo una pareja con un amor tan bello como la española que vi un verano en la provincia de Cádiz, en San Roque. Me paré a verlos, como el que se para a ver un amanecer, y ellos, por supuesto, ni se enteraron. Pero aquí, por lo visto, tenemos que aprender a sentir el amor en inglés —cuando se entiende, claro—, porque, si no, qué dirían de nosotros, a lo mejor piensan que, de europeos, nada, figúrese usted. Un señor que habla y que, según dicen, tiene un buen cargo, acaba de soltar, entre ufano y tímido, que va a haber un display de obras, lo que parece ser más importante que una exposición. Televisión, no tengo. Personas que me merecen confianza, me han dicho que, la que hay ahora, no vale la pena.

Salgo a la calle y, en la placita frente al portal, veo que hay ya cuatro adelfas tronchadas, de las tres docenas que plantaron hace diez días. La repoblación forestal ha significado siempre otra cosa: unas veces era un chiste y otras la vuelta al pisoteo de la foresta por la población.

Voy haciendo eses discretamente por no pisar los excrementos de perro que denotan nuestro novicio y gran amor hacia los animales, en detrimento, claro está, del prójimo, que, con animales o sin ellos, siempre ha valido aquí bastante menos. Me encuentro —¡qué agradable sorpresa!— con un viejísimo amigo que vive en lo que llamaban antes La Bombilla y hoy distrito de Moncloa y le espeto sin dilación —porque aquí lo se piensa nos quema el cuerpo—, mi repulsa por el estado del pavimento, y él lo mira y se admira de mi extrañeza y dice que el barrio donde vivo es una tacita de plata si se compara con las riberas del pobre Manzanares, más sucias que el agua que lleva el río.

Tropiezan conmigo unos transeúntes, quizá por culpa mía, no sé; el hecho es que alguno me hace daño y me recuerda, como diría Larra, «que los distraídos no entran en el número de los cuerpos elásticos». Refreno mi indignación, les miro y pido disculpas; ellos pasan de largo sin decir ni pío, como si le hubieran dado a un saco de patatas con el hombro.

Poco más allá, en lo que tiene aire de manifestación, pero resulta ser una cola, dos muchachas se empinan con gula para achuchar y besuquear a sus novios, como si pringasen tocino en un plato grasiento. Ante la actitud de ellos —más bien indiferente hastiada—, pienso que esas muchachas van a perder y, con ellas, los hijos, cuando los tengan. Al hombre le gusta el coño, pero no el coñazo (dicho sea con reluctancia y perdón, por el vocabulario tan al día).

Compro un diario y me entero por él de cómo España prospera respecto a otros países europeos. Nuestro país es el de mayor tasa de sida en niños menores de trece años. En la droga, no se anda muy lejos. En la escuela de ingenieros industriales, los alumnos se declaran en huelga porque quieren más horas y regularidad en la enseñanza. Los actores se quejan de la colonización de la cultura en general y de la suya en particular y van también a la huelga. Las alabanzas que se prodigan a un portador de méritos se hacen siempre para atacar oscuramente a otro, cuando sería más valiente y sensato alabar y atacar por separado. En las alturas, fulano o mengano andan presuntamente implicados en un presunto fraude. Un lector escribe una carta quejándose de «la incultura nacionalizada». Los enanos de hoy no alcanzan a ver la grandeza fabulosa de Hernán Cortés y otros españoles algo menos grandes. En 1991, se han presentado en España 2.000 denuncias por violación, 250 más que el año anterior. Según el teólogo Hans Küng, «para una gran parte de la población es difícil un planteamiento moral sin una fundamentación religiosa», etc.

Lo del teólogo me vuelve a la realidad y recuerdo que he salido de casa para liquidar lo antes posible el compromiso de una boda.

Cojo un taxi y el taxista —ocurre siempre y es de agradecer—, tiene una solución política que ofrecernos: «Mire usted, lo de Europa es ya una “mélée” y aquí nadie se acuerda ya ni de cómo se llama, así que, ¿por qué, en lugar de fichar a tanto deportista de fuera, no empezamos a fichar políticos? ¿Y si consiguiéramos traer al campo a Helmut Kohl, eh? ¡Por lo que costase! ¡Qué más dará!»

Llego cuando la misa está en marcha. Saludo someramente a tres conocidos, los tres de izquierdas, y, un poco a destiempo, les pregunto a en voz baja si ser de izquierdas tiene algo que ver con no creer en Dios. Me dicen que de eso nada, que Jesucristo fue más de izquierdas «que la hostia» (transcribo).

El cura abre los brazos y dice que nos demos la mano en señal de paz, «como hermanos». A los «fieles» les cuesta mucho arrancar y no dan la mano a nadie, o sólo a una o dos personas con patente recelo. Con una iglesia así, ni se es levadura de la sociedad ni se llega a una legua del Paraíso.

Logro escaparme de la fiesta, resuelvo algún asunto personal y vuelvo a casa de noche. Por la escalera del portal sube una señora con una maleta a rastras. La ayudo, le abro puertas y nos metemos juntos en el ascensor. La señora desconfía de mi amabilidad y se niega a decirme el piso donde vive. Aprieto el botón del mío, le vuelvo la espalda y la dejo que vaya donde quiera con su maleta y su miedo a cuestas.

Mañana será otro día.

Escrito por Medardo Fraile

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Levemente 12/25/2009 18:00


:-DDDDDDDDD


Levemente 12/23/2009 23:10


A propósito... hablando esta mañana con una compañera, cuya cuñada es chef especializada en "alta cocina", concluimos que una cocina no es otra cosa que un laboratorio. Y que los cocineros son poco
menos que científicos. Mismamente Ferran Adrià, por poner un ejemplo.


Amkiel 12/24/2009 15:09


Ahora entiendo por qué después de comer hay que lavarse los dientes con dientífico.


Levemente 12/23/2009 23:05


Tomo nota. Mejor reservar para quien tenga paladar que sepa... distinguir.


Amkiel 12/24/2009 15:08


Los hay que tienen paladar sólo para que no caigan los mocos dentro de la boca.


Levemente 12/20/2009 16:36


¡Oh... Amkiel me ha regalado “un ramito de violetas”!... Qué bonita la cantaba Cecilia. Agradézcotelo de veras peeeeeeeeeeero, si hubiere una próxima vez... ¿qué tal en una macetita? Así viven más
... J

Pues mire usté... ¡sucede que las violetas son aromáticas y hasta comestibles! O por lo menos lo son los caramelos que a veces como con ese sabor, y la esencia que de cuando en cuando quemo en mi
hogar, dulce hogar.

¿Te das cuenta de que la “esencia” se va perdiendo en todo? Las hortalizas cada vez tienen “mejor aspecto” pero menos sabor. Las flores de hoy día –al menos las que se comercializan- raramente
huelen. Por eso, cuando a veces camino por un barrio en el que hay casitas antiguas con jardines que tienen plantas casi tan viejitas como las viviendas, y de repente un galán de noche dice...
“aquí estoy yo”, o un jazminero, o un rosal... ¡mmmmmm!... cedo todo el protagonismo al sentido del olfato y me doy una fiesta sensitiva. Lo malo es que camino durante un rato con los ojos
cerrados. Cualquier día de estos me trago una farola.

El barrio, como no, se llama “Ciudad Jardín”... y un día te voy a enseñar algo bien bonito que hay allí y que encontré por sorpresa pues está un poco escondido.


Amkiel 12/21/2009 21:26


A los que comen con los ojos no les pongas cualquier fruto poco lustroso aunque sabroso.


Levemente 12/20/2009 01:11


Cuando se pretende "trabajarse" a Afrodita... no es que sea importante... ¡es imprescindible!

La importancia de las violetas reside en su aroma... que no se ve... ni se mide.

Dijo Shakespeare... "Waht's in a name? That which we call a rose by any name would smeel as sweet".

Uséase: "¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa con cualquier nombre tendría el mismo perfume?

Tres cuartos de lo mismo en cuanto a alturas... externas. Las interas, esas ya son otra cuestión.


Amkiel 12/20/2009 15:31


Las violetas no son especialmente fragorosas. Por lo que la importancia está más en su tamaño y fragilidad, que las vuelve delicadas en nuestras manos... Date por regalada con un ramito de ellas.


Levemente 12/18/2009 19:35


¡Qué maluquinho!... digo ¡qué reservado!

Pues me parece muy bien oye. Tanto que calles como que yo pregunte ;-P


Amkiel 12/19/2009 15:54


Si la altura fuese importante, las violetas medirían tres metros.


Levemente 12/13/2009 18:11


Si ese "trabajarse" se refiere a la acepción más común cuando hay una "Afrodita" (diosa del amor erótico festivo, ahí es na') de por medio... habrías de ser "un gran tipo". ¿Cuánto mides?


Amkiel 12/17/2009 21:13


La mitad del doble.


Levemente 12/13/2009 00:04


O buena suerte porque no creo yo que sea plato de buen gusto que un misil te atraviese el cuerpo serrano (o macizo); por más pecho de Afrodita que sea. A mí no me gustaría, desde luego.

Madrí, Madrí, Madrí... pedazo de la España en que nacíííí... ¡Ah no!, que esa fue mi mater. Justo a la vera de la Gran vía, mismamente.

El trabajo es salud. Verdad de la verdadera. Amén de -si todo va como debe en la empresa- un salario mensual.

Y respecto al descubrimiento de mi tartamudez virtual... siempre hay una primera vez para todo. Para todos incluso. De hecho también ha un final para ídem. Y para reídem.


Amkiel 12/13/2009 15:25


Pues a mí me gustaría trabajarme a Afrodita A, aunque no me paguen.


Levemente 12/10/2009 18:10


Repetimosss... Un descubrimiento Medardo Fraile... me late que observa el detalle del detalle.


Amkiel 12/12/2009 15:41


Eres la primera tartamuda virtual que conozco.


Levemente 12/10/2009 18:09


¡Pechos fuera!... con perdón. Ejem... si me encuentro con Mazinger-Z, así de sopetón, inevitablemente viene a mi mente Afrodita. ¡Ah no!, que era “¡Puños fuera!”... y la decía el susodicho. En
cualquier caso ella los disparaba misilmente hablando (los pechos claro). Otra cosa es que avisara vía palabra que iba a lanzarlos.

Un descubrimiento Medardo Fraile... me late que


Amkiel 12/12/2009 15:40


Fíjate que la foto es de Mazinger Z en la Gran Vía de Madrid. Y es que así me siento yo (que diría Sabina) de tanto que viajo a Madrid últimamente. Pero de Afrodita A ni rastro, qué mala
suerte, sólo trabajo.


Mariona 12/08/2009 01:41


Si para algo sirve verse reflejado en las reflexiones que escriben otros es para saber que, joder, no eres tan raro!
Yo, que no se escribir -literariamente hablando- agradezco mucho algunas lecturas.


Amkiel 12/08/2009 16:22


O para darse cuenta de que ni siquiera somos originales en nuestros padecimientos.