SANGRE Y SEMEN, QUE JUNTOS RESUELVEN [fragmento]

Publicado en 14 Febrero 2010

SANGRE-Y-SEMEN.jpgDe la bioética, incluso de la bodyética, he oído hablar desde que era niño. El término todavía no existía, claro está, pero eso mismo es lo que reclamaba ya una amiga de mi madre a la salida de la iglesia de Ampurias: «Pero si yo estoy dispuesta y deseosa de cumplir con todo —le decía—, yo sólo pido que me precisen hasta qué punto he de llevar la manga larga en misa; a partir de dónde es pecado venial y dónde se convierte en mortal. Basta ya de esas vaguedades que no me permiten saber cuándo —y cuánto— estoy en pecado».

Con esto de la bioética, los términos han cambiado, sin duda, pero lo que mucha gente pide es bastante parecido: que cuándo, que cómo, que dónde, que en qué circunstancias, que a partir de qué momento se me permite decidir respecto al inicio, manipulación o final de la vida propia o de la ajena. Los avances biomédicos nos permiten —y a menudo nos obligan— a intervenir cada vez más en estos procesos, y a trastocar así su desarrollo «natural»: píldora preventiva o píldora del día después; fecundación artificial con óvulos y semen anónimos o, al contrario, sólo con semen rubricado; eutanasia activa o eutanasia pasiva; ¿cómo establecer una distinción precisa —tan precisa como la reclamada por la amiga de mi madre— entre clonación terapéutica y clonación eugenésica? El desconcierto es notable, y lógica la reacción ante un menú tan amplio y complicado. De aquí que, igual como se hablaba del «parto sin dolor», hoy se reclame una «ética sin dolor», una directriz precisa y sin confusión posible; una pauta que elimine la perplejidad y nos permita saber de una vez a qué nos hemos de atener.

¿Y qué nos dará este criterio exacto, esta vara de medir, para saber cuándo tenemos que cerrar el grifo o cuándo hemos alargado el brazo más que la manga; cuándo es venial y cuándo es mortal nuestra intrusión en el «curso natural de la vida»? En tiempos de mi feligresa, era la Iglesia la que sentenciaba, pero en un mundo secularizado crece el número de los que lo piden a la Ciencia: ¿es técnicamente humano el embrión de 15 días? ¿Está clínicamente «muerto» el cuerpo que respira con el encefalograma plano? El hecho es que Dios nos ha pasado la pelota y, para evitar la presión, para sacárnosla de encima, nosotros tratamos de endosarla a esto que llamamos la Ciencia, o a cualquier Instancia Superior que nos venga a mano.

Pero igual que «entre el dicho y hecho hay un buen trecho», también lo hay entre «el hecho y el derecho», o, lo que es igual, entre «la Ciencia y la Conciencia». El conocimiento de los hechos nos ayuda, sin duda, a tomar decisiones responsables; pero nunca de la mera acumulación de datos resulta automáticamente una decisión justa o moral. Hay un abismo que tenemos que saltar sin otra ayuda que la de nuestra conciencia monda y lironda, y sin pretender que los datos que nos informan de una situación puedan por sí mismos, y sin solución de continuidad, fundar moralmente una decisión. Nada ni nadie puede aquí hacer las veces de nuestro sentido común y nuestra apreciación del caso particular.

Escrito por Xavier Rubert de Ventós

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letradedoctor.blogspot.com 02/15/2010 01:33


A lo mejor hablando de cosas diferentes hablábamos de lo mismo.. http://letradedoctor.blogspot.com/2010/01/bienvenidos-al-futuro.html

Buenísimo.


Amkiel 02/15/2010 19:20


Tu texto muestra otra forma de manipular la naturaleza, más inocua pero igualmente inquietante.


Edda 02/14/2010 19:32


Ojalá fuera el sentido común el que decidiera en cada circunstancia particular y no la voz de la iglesia, que a veces pierde ese sentido que tanto apreciamos.


Amkiel 02/15/2010 19:20


El sentido común puede ser muy particular, pero es lo único que sirve. La Iglesia es tan universal que sus opiniones no valen para este mundo.


Levemente 02/14/2010 18:34


La frontera, en estos asuntos, no es otra cosa que el filo de una navaja.


Amkiel 02/15/2010 19:20


O de un bisturí. De todos modos, puede ser necesario pasar la frontera para saber dónde está.