Nochebuena

Publicado en 28 Diciembre 2009

NochebuenaFernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.

En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.

Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.

Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:

Decile a... —susurró el niño—. Decile a alguien, que yo estoy aquí.

Escrito por Eduardo Galeano

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Levemente 01/01/2010 14:08


Muchas de nadas.


Amkiel 01/01/2010 15:29


Muchas no hayses de qués.


Levemente 12/31/2009 17:51


“Las manos” es una película inspirada en un personaje real, el padre Mario Pantalo, un sacerdote que vivía en Argentina y que tenía el poder de sanar. Perla, una mujer a la que curó un cáncer
terminal, se convirtió en su colaboradora... en su compañera de ruta, y su encuentro-estar en una preciosa historia de amor... silencioso. Hay una escena hermosa... muy “Galeana”. El sacerdote -que
se planteaba continuas dudas respecto a “su don”, el cual le granjeaba problemas con la jerarquía eclesiástica, la policía, el gobierno...- en un momento dado –creo que cuando visita su Italia
natal... en su casa, si no me falla la memoria ya que la vi hace tiempo- comienza a relatar un pasaje de su infancia, en la que se sentió completamente solo, abandonado. Y esa soledad había
desaparecido, años después, por la presencia de esa mujer. No puedo reproducir los detalles exactos, las palabras concretas... pero sí la intensa sensación. Aquel hombre, que se pasaba el tiempo
sanando a otros... había sido sanado de su soledad por alguien a quien, a su vez, sanó previamente. Sanó por fin, sin esperarlo, de aquella soledad que le acompañó, marcándole desde que era un
crío.

Uno de tus comentarios, Amkiel, me hizo evocar la escena. Dejo un enlace por si te apetece asomarte a una emotiva historia. Y unas sabias palabras del protagonista: “El cielo y el infierno están
acá (dice tocándose entre pecho y garganta), adentro, no afuera. Y nuestra tarea... es hacernos paraíso”.

http://www.youtube.com/watch?v=E5k4i6A0VUc&feature=player_embedded#

Pues eso.


Amkiel 12/31/2009 19:55


Pues eso tiene buena pinta, sí. Muchas gracias.


Levemente 12/30/2009 23:16


Diría que lo voluntario son los momentos solitarios, no Doña Soledad. La Doña ocupa las 24 horas del día... y dudo eso lo desee alguien, por más autosuficiente que sea o se sienta. De verdad de la
verdadera, quiero decir. ¿Has visto la película “Las manos”?

Galeano... siempre tan Galeano.Pa' mí que en vez de manipularlos los "radiografía" con notable exactitud.


Amkiel 12/31/2009 16:44


Los momentos solitarios sólo existen si se está habitualmente en compañía. La soledad es otra cosa o, peor, la ausencia de cualquier otra cosa.

No recuerdo haber oído hablar de esa película.


Mariona 12/28/2009 23:06


Oh, se me saltan las lágrimas... yo estuve en esa Managua, conviví con sus niños... la imagen que describe el texto es de una tristeza infinita.


Amkiel 12/29/2009 18:38


Galeano es un manipulador de sentimientos, bendito sea.


Edda 12/28/2009 22:48


Terrible frase para oírla en la boca de un niño. Duele siempre, pero en un niño más.


Amkiel 12/29/2009 18:38


La soledad en un adulto puede ser voluntaria, en un niño no.