¡Mueran los ‘heditores’!

Publicado en 16 Febrero 2010

Mueran-los-heditores.jpgAristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos mejores y delegamos en ellos —bajo vigilancia crítica— para que nos dirijan. En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier materia y profesión.

En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social, me parece una amenaza apocalíptica.

En el artículo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAÍS, 24 de diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las que se predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura liberada por fin de las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan esclavizadoras son reales?

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000 manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000 originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor (gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre todos los granos elige aquellos que tienen más afinidad con su línea editorial: literatura de autor, best sellers, creación experimental... Mi biblioteca, como la de cualquier lector curtido, está llena de libros de las editoriales que publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me he aprovechado de la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio profesional de sus editores.

Pero los editores, además, editan los libros, si se me permite decirlo de un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el estilo... Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces siempre, aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores son los únicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a la vez.

Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión del modelo de edición tradicional al e-book, se nos dice, es “perjudicial para el autor y el lector”. ¿Es beneficioso, entonces, que en vez de 150 novedades anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la Red 5.000 textos sin depurar? ¿Es beneficioso que José Saramago y mi prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad? ¿Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos libros de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de adelantar el dinero que supone ese trabajo?

En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es pecado; el editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados.

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por llegar a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos que abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el propio libro. “Cuando una mañana Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho”. ¿Es de eso de lo que hablamos? ¿O de que al cambiar de capítulo en Ana Karenina salte en la pantalla del e-book un banner con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé si es que me he hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la post-postmodernidad —o lo que sea esto—, pero reconozco que me escandaliza ver el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para defender así la independencia autoral y la libertad del lector. Antes había “visiones del mundo”; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos.

El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al autor en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se propone que el autor se comporte como un empresario de sí mismo y asuma el desarrollo informático y administrativo, la gestión comercial y la promoción de sus libros.

Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing, elaborar banners y páginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red con nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para la inversión informática y los viajes promocionales. Los autores, por tanto, no sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que pagaríamos para escribir. Todo ello con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la inversión que nos permitiese al menos comer. Ese retorno no vendría del pago —barato o caro— de los lectores, que se considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad como los ya mencionados.

¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en estas lides? Los autores, sin llegar al tópico romántico, suelen ser seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la melodía, dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como Saramago decidía abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos (no olvidemos que hay autores que no soportan ni las giras promocionales), pero mi prima Paqui, en cambio, saldría literariamente reforzada, pues es formidable en las relaciones públicas y en la promoción personal.

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos para el futuro. Con el e-book desaparecerá aproximadamente un 75% del coste actual del libro —papel e impresión, distribución, venta minorista y gastos de financiación de los invendidos—, de modo que el precio podría abaratarse enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de Repsol o de Nokia. La distribución, por otra parte, sería universal y perpetua: un libro estaría disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20 años, posibilitando así la difusión ilimitada de los autores, simplificando al máximo la logística de las editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a títulos hoy inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de regalar el primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una indiscutible garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco paraíso?

No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que transmite. Oclocracia o democracia, that is the question.

Escrito por Luisgé Martín

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Levemente 04/13/2010 22:53


Ejem... farmacéééééutico.


Amkiel 04/15/2010 21:10



¿Farmacéééééutico? Nada más leeeeejos de la reeeeealidad.



Levemente 04/13/2010 22:51


¡Eres farmaceútico!


Amkiel 04/15/2010 21:10



¿Farmaceútico? No, puedo comer de todo.



Levemente 04/12/2010 22:19


En mi dieta se encuentran: lentejas, espinacas, soja, almejas, brócoli, guisantes... alimentos estos que que tienen Fe de sobra (son muy religiosos ellos)y están dispuestos a compartirla. En cuyo
caso... ¿pa' qué ir a la farmacia?


Amkiel 04/13/2010 22:10



En la farmacia también venden píldoras desoxidantes, porque con tanta Fe pasa lo que pasa.



Levemente 04/12/2010 21:18


Pues no me creo que alguien que dice..."Muchos buenos creen que esta vida es un infierno, casi todos los malos creen que es un paraíso. Ambos se equivocan"… hable de sólo dos opciones posibles.

Vaya mujer de poca fe estoy hecha :-P


Amkiel 04/12/2010 21:23



En las farmacias venden unas capsulitas de Fe para gente que tiene poca.



Levemente 04/12/2010 16:07


¡Ops... creo que es la primera vez que (no) te veo reír a mandíbula batiente.

Oye... pues te sienta muy bien.

Claro que no significa que la ausencia de la carcajada no ídem.


Amkiel 04/12/2010 21:07



Sólo hay dos opciones posibles: o doy risa o doy pena.



Levemente 04/11/2010 10:40


Pues usted se lo/la pierde.
Mi vis.
Cómica.
Claro.
:-)


Amkiel 04/11/2010 21:19



Ja, ja, ja, qué bueno... ;-p



Eider 03/03/2010 23:16


¡Cóño, Luisgé Martín, antes conocido y editado como Luis G. Martín!
Tengo muchos recuerdos de sus amores confiados.

Y he puesto un correo falso porque tu overblog tiene la costumbre de invitarme por e-mail a una mesa redonda de comentarios varios. O sea que la dirección de correo sólo la ves tú y varios más,
digo.


Amkiel 04/09/2010 18:01



¡¿Mesa redonda de comentarios varios?! Reenvíame esa invitación al correo y miraré de contactar con el staff de OverBlog (suelen dar respuesta a las consultas).



Levemente 02/23/2010 23:37


¡Oígame... respetoide para uno de los mejores musicales (y más ñoñamente encantadores, je)!

Esteeee... ¿prefieres versión spanish o inglesa? (que también viven conmigo las dos, je-je). Bueno, no te preocupes, ya elijo yo... ¿cuál será, cuál será?...

Gotas de rocío en las rosas, bigotes de gatito... brillantes ollas y mitones blancos, cartas muy viejas con un lazo griiiiisssss, cosas tan bellas me gustan a mí. Pequeños ponis, pastel de
manzanas, caaaampanilleos y carne con tarta, gansos salvajes en vueeeelo sin fiiiinnnnn, cosas tan bellas me gustan a mííííí. Chicas de blanco con bandas azules, veeerrr que la nieve mil rostros
sacude, el blanco invierno que muere en abriiiillll, cosas tan bellas me gustan a mííííí. Si aúlla el lobooooo, mueeeerrrrrdeee el peeeerro, o me aqueeeeja un maaaalllll, las cosas que amo volver
siento a mí y alejan por fiiiiinnnnn el maaaaaaaaaaaalllllll ¡chin pon!

Si quieres que continúe el recital, nada más que pedir un bis a la intérprete ;-P

¡Aaahhh!, si no hubieses profanado la memoria de una de mis heroínas, otro gallo te hubiera cantado, nunca mejor dicho. ¡Viva Julie Andrews!... digo Mary Poppins.


Amkiel 04/09/2010 18:00



Bisto lo bisto no me atrebo a pedir un vis.



Levemente 02/22/2010 23:45


Supercalifragilisticoespialidoso, aunque suene extravagante, raro y espantoso,
si lo dice con soltura sonará armonioso, supercalifragilisticoespialidoso.
Hasta te la puedo cantar un poco más difícil... sodolipiaescotilisgifralicapersuuuuu...
Tú dale alas a mi levedad que te la canto completa, en versión original o doblada al español... que viven las dos bandas sonoras conmigo. Ejem, quien avisa no es levetraidora.

Pd. Gracias por no imaginarme cual lollito del plimavela con solplesa dentlo.


Amkiel 02/23/2010 20:55


Oh, dios mío, he profanado la memoria de Mary Poppins y ha caído sobre mí la maldición de sonrisas y lágrimas. Ya no tengo salvación, lei, odelei, odelú.


Levemente 02/21/2010 18:26


¡Ops qué sopresa!... has respondido en vez de salir por la tangente ;-P

Digo yo que más estabilidad aportarán dos nubes que una. Yo, como soy una antigua, prefiero al alfombra de Aladino para desplazarme aéreamente. Al margen de mi levedad, claro. Ejem... de Alidina
quiero decir.


Amkiel 02/22/2010 19:48


En alfombra también se desplazan discretamente los fenecidos con violencia: enrollada con sorpresa.

En tu levedad te imagino desplazándote más a lo Mary Poppins, es decir, así.


Levemente 02/20/2010 21:19


¡Oígame!... que yo soy algo más que un culo. También unas piernas, y unos brazos, y unas manos, y unas orejas, y unos ojos, y una boca, y un apéndice nasal (ahora tipo payaso)... y un poco de
cerebro, con alguna que otra neurona. Y sí... un mucho de alma ;-PPPPP

Preguntita preguntona: ¿Tú pasas a través de la nube amarilla o viajas montado en su lomo? (¿Por qué será que presiento tu respuesta –si la hubiere- como un “ni lo uno, ni lo otro”?, je).


Amkiel 02/21/2010 17:18


Mi corazón es tan puro pero mi culo tan gordo que en vez de una nube necesito dos. :-p


Levemente 02/19/2010 23:11


En realidad mi silloncito azul es un sillón relax. Sin masaje pero extensible con reposapiés. Armazón de madera de haya y pino recubierto de goma de espuma de varias densidades. Almohadas de
asiento de espuma PUR 25 kg. Respaldo de gomaespuma PUR 20 kg. S.S. recubierta de boata sintética. Mecanismo metálico antioxidante pintado con epoxi dos posiciones. Tapizado en chenilla.
Alto: 100
Fondo: 85
Ancho: 75
Fondo reclinado: 170

O sea: ¡perfecto para la soberana del hogar, dulce hogar! Y se parece al tuyo pues también es archisuperhipermegacómodo.

Ejem... confesión: he hecho trampa. He copiado las características del primer clon del trono que ha salido en San Google al preguntarle. Excepto medidas y género de tapizado, que son verdad de la
verdadera. Luego en realidad sólo he hecho semitrampa. Bueno... y también un poco el bobo. Digo la boba. O un mucho.

Y prefiero pensar que es fácil que los amigos nos regalen algo que nunca devolveremos. Precisamente porque lo que se regala se da... esperando que no regrese.


Amkiel 02/20/2010 18:42


Vaya, vaya, lo que parecía un simple aguantaculos se trata de un trono. :-p

El mío es de piel con estructura ligera, lo cual le otorga cierto balanceo. Y es suficientemente ancho como para poder cruzar las piernas sobre él, al estilo de la nube de son Goku, que también es
amarilla.


Levemente 02/18/2010 20:53


¿Y el plástico?... ¡Qué saturación pol dió! Anda que no se acumula por más que pretendas lo contrario. Ni comprando a granel todo lo posible, ni rechazando bolsas desde tiempo ha, ni... en fin,
seguiremos dando pacientes pasitos en pos de un planetoide mejor. O al menos no mucho peor.

En la cuestión ahorro de papel, afortunadamente internet-e está ayudando bastante con la facturación on-line, por ejemplo. También el que ya se puedan realizar gestiones varias con la
Administración a través de la red.

¿Y sabes por qué no deberían desaparecer los libros jamás de los jamases? Porque... ¡¡¡los sueños se refugian entre sus “sábanas” para no morir de frío!!!, así me lo enseñó el maestro Don Gregorio
(Fernando Fernán Gómez) en la película “La lengua de las mariposas”. Bueno, quizás no fue ese el modo exacto ya que hace tropecientos años que la vi y no recuerdo exactamente cómo lo expresaba,
pero más o menos... Aunque me late que lo de “sábanas” lo ha inventado mi levedad... por aquello de las bajas temperaturas a que se refería. O sea pega :-) Seguro que no le molesta al buen
hombre.

En realidad mi silloncito es sillonazo. ¿O es el trono de la reina de la casa?, je. Pero azul-azul como el cielo, como algunas miradas, como ciertos mares, como Doña Esperanza... ¡ah no!, que esa
es verde :-)


Amkiel 02/19/2010 19:26


El plástico es un gran invento, ligero y resistente, demasiado, lo cual es su problema. Hay que lograr que sea suficientemente biodegradable como para echarlo a la basura orgánica. Otra opción
sería utilizarlo como combustible en la industria, pero prefiero que se pudra rápido.

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Eso es porque cada libro es un tesoro, y es fácil que los amigos nos presten algo que nunca devolveremos.

(En realidad mi silloncito es butaca superhipermegacómoda.)


Levemente 02/17/2010 21:50


No es necesario aniquilar más bosques. Es preciso –y precioso- que se recicle verdaderamente todo el papel que se deposita en los contenedores, cosa que no sucede (¿europeos nosotros?... ¡ja!). Por
otra parte... ¿no se supone que cada vez se lee menos según encuestas? En tal caso, no debiera aumentar la demanda. Y esos “pulmones del planeta” no se sacrifican por ti, ni por nadie que tenga
nombre y apellidos; lo hacen por la cultura. E incluso por la incultura... o la pasta, ¡ops! Y eso sí que es lamentable. Me parece estupendo que se reduzca el papel en general, pero en este
particular... no puedo evitar tener reticencias.

Casualmente, hace apenas un par de horas, estando en la caja de un comercio he reparado en que la chica tenía un “ebook” encendido sobre el mostrador. Nunca había visto uno de cerca y he de
reconocer que hasta bonito era, en color rojo y negro. Le he preguntado cositas varias: ¿Qué tal?... ¿Cuántos libros se pueden almacenar? (mil títulos contenía este, ¡glubs!)... ¿Se escoge el
tamaño de la letra, no? (demostración de más peque... más grande... mediana...). Tras responderme amablemente he terminado con un: “Entonces, ¿lo recomendarías?”. Su respuesta ha sido: “A mí me
gusta. Leo en la cama sin necesidad de tener que pasar página y resulta muy cómodo”. Es curioso... precisamente uno de mis leveplaceres es barrer de arriba abajo cada hoja, al llevarla al otro
lado. ¿O es acariciarla? Y donde esté mi silloncito azul... que se quite el mejor colchón del mundo mundial.

Yo sigo siendo una romántica... ¡y quiero lo que quiero!, a mucha honra... otra vez.


Amkiel 02/18/2010 20:03


Ni siquiera reciclando todo el papel, incluido el higiénico, habría suficiente para satisfacer la demanda. Si nos gusta el libro podemos empezar por eliminar lo que no lo sea: envases, panfletos
(no electrónicos, claro), propagandas, facturas y, sobretodo, haciendo que en las oficinas se dejen de tantas fotocopias e impresiones y se dediquen más a trabajar.
 
(Mi silloncito es amarillo.)


Levemente 02/16/2010 21:53


Saramago me gusta, más si cabe en lo que me transmite como hombre (persona) que como escritor. Pero claro... a la gente hay que conocerla, no intuirla, adivinarla.

Desde un punto de vista puramente ortográfico se le podrían dar unos cuantos cachetes a Saramago ya que igual te planta una mayúscula tras una coma, que no pone un punto y aparte cuando la
dimensión del eterno párrafo lo pide a gritos. O al menos mis ojos lo reclaman. A la postre comete faltas... ¿no? Pero también ha creado un estilo propio que no sólo se le permite sino que se le
aplaude e incluso se considera una especie de “caza-atención”. Me parece estupendo pero a lo que voy es que la prima Paqui, que se divierte contando historias, está en pie de igualdad -en cierta
medida- antes de que internet le pueda echar una mano convirtiéndola en “autora”. Sólo que ella es analfabeta. No se hace –un poco- la analfabeta, inventando o haciendo lo que no se debe hacer al
escribir. Lo es. Igual si hubiese tenido las oportunidades de Saramago...

Y que yo quiero editores (con o sin “h” ¡que vivan!), pero, sobre todo, quiero papel donde leer. Quiero su rugosidad o tersura... poder calibrar con mi tacto su gramaje. Quiero su olor a joven o
anciano... y el amarillento que va cogiendo con el paso del tiempo. Y quiero un sillón cómodo en vez de una silla de oficina. Y una lámpara, de pie, que alumbre cada página, no un monitor. Quiero
las letras de Gutenberg, no las de Bill Gates. Hasta quiero el corte accidental que alguna hoja afilada de tanto en tanto provoca en un dedo de movimiento torpe o brusco. Quiero un rinconcito de
lectura de los de siempre, vaya. Debo ser una antigua pa’ según qué. Yo no sé si “mi querencia” será olocracia o democracia, pero... ¡a mucha honra todo eso quiero!


Amkiel 02/17/2010 21:02


Me gusta muchísimo leer y más aún el tacto de los libros, su olor la primera vez que se abren, pasar página y tener que comprobar que no hayan pasado dos, poner el marcador como una bandera en la
cumbre del disfrute. Pero sé que no hay bosques suficientes para satisfacer la afición de todos, ni es justo que los árboles se sacrifiquen por mí. Por eso siento inevitable renunciar a aquello que
más quiero, precisamente por quererlo, y conformarme con el frío electrónico. Mientras tanto espero a que la tecnología esté asentada para dar el salto. Y espero que tarde... mucho... ojalá.