Moral [definición del Diccionario filosófico]

Publicado en 15 Noviembre 2009

Es el conjunto de nuestros deberes, o sea, de las obligaciones o de las prohibiciones que nos imponemos a nosotros mismos, independientemente de toda recompensa o sanción esperada, e incluso de toda esperanza.

Imaginemos que nos anuncian el fin del mundo, cierto, inevitable, para mañana por la mañana. La política no sobreviviría, ya que necesita un futuro. Pero ¿y la moral? Permanecería, en su mayor parte, inalterada. El fin del mundo, incluso inevitable a corto plazo, no permitiría de ninguna manera burlarse de los discapacitados, calumniar, violar, torturar, asesinar, en fin, ser egoísta o malvado. Porque la moral no tiene necesidad del porvenir. El presente le basta. No necesita la esperanza. La voluntad le basta. «Una acción realizada por deber extrae su valor no de la meta que debe alcanzarse con ella —subraya Kant—, sino de la máxima a partir de la cual se decide.» Su valor no depende de los efectos que se esperan de ella, sino tan sólo de la regla a la cual se somete, independientemente de toda inclinación, de todo cálculo egoísta, y, en definitiva, «sin consideración de ninguno de los objetos de la facultad de desear» y «abstracción hecha de los fines que pueden ser realizados por tal acción». Si tu acción aspira a la gloria, a tu felicidad o a tu salvación, y aún cuando obrases en todo conforme a la moral, todavía no actúas moralmente. Una acción sólo tiene verdadero valor moral, explica Kant, en la medida en que es desinteresada. Eso implica que no se cumple tan sólo conforme al deber (para lo cual puede ser suficiente el interés: como el comerciante que sólo es honrado para conservar sus clientes), sino por deber, o sea, por puro respeto de la ley moral o, lo que viene a ser lo mismo, de la humanidad. La proximidad del fin del mundo no cambiaría nada en lo esencial: estaríamos siempre obligados, y hasta el último momento, a someternos a lo que nos parece universalmente válido, universalmente exigible y, especialmente (pero de nuevo esto viene a ser lo mismo), a respetar la humanidad en nosotros y en el otro. Por eso la moral es desesperada, al menos en un cierto sentido, y quizá desesperante. «No tiene ninguna necesidad de la religión», insiste Kant, ni de cualquier fin o meta que sea: «se basta a sí misma». Por eso es laica, incluso entre los creyentes, y obliga (al menos es el sentimiento que tenemos) absolutamente. Que Dios exista o no exista, ¿qué cambia eso el deber de proteger a los más débiles? Nada, por supuesto, y por eso no hay necesidad de saber qué es de esa existencia para obrar humanamente.

Imaginemos al contrario, es un ejemplo que se encuentra en Kant, que Dios existe y es conocido por todos. ¿Qué sucedería? «Se hallarían sin cesar ante nuestros ojos Dios y la eternidad, con su terrible majestad.» Nadie se atrevería ya a desobedecer. El miedo del infierno y la esperanza del paraíso proporcionarían a los mandamientos divinos una fuerza sin igual. Sería el reino de la sumisión interesada o temerosa, como un orden moral absoluto: «La transgresión de la ley sería, desde luego, evitada, y lo que se ordenara se cumpliría». Pero ninguna moralidad sobreviviría: «La mayor parte de las acciones conformes a la ley acaecerían por temor, pocas por esperanza y ninguna por deber, y no existiría el valor moral de las acciones, del cual tan sólo depende el valor de la persona y hasta el del mundo a los ojos de la suprema sabiduría». No sólo no es necesario esperar para cumplir el propio deber, sino que no se lleva a cabo verdaderamente más que a condición de que no sea por esperanza.

¿Adónde quiero ir a parar? Simplemente a esto: la moral, contrariamente a lo que a menudo se cree, no tiene nada que ver con la religión, y todavía menos con el miedo al guardia civil o al escándalo. O si estuvo ligada, históricamente, a las Iglesias, a los Estados y a la opinión pública, no se convierte verdaderamente en sí misma —es uno de los aspectos decisivos de la Ilustración— más que en la medida en que se libera de ellos. Es lo que han mostrado, cada uno a su manera, Spinoza, Bayle o Kant. Es lo que Brassens, cuando yo tenía quince años, se bastó para hacerme entender. Devuelta a su esencia, la moral es lo contrario del conformismo, del integrismo y del orden moral, incluso bajo sus formas blandas a las que se llama actualmente lo «políticamente correcto». No es la ley de la sociedad, del poder o de Dios, todavía menos la de los medios de comunicación o de las Iglesias. Es la ley que el individuo se prescribe a sí mismo: por eso es libre, como diría Rousseau («la obediencia a la ley que uno se ha prescrito es libertad»), o autónoma, como diría Kant (porque el individuo sólo se somete en ella a «su propia legislación y, no obstante, universal»). Que esta libertad o esta autonomía sólo sean relativas, es mi creencia, contra Kant y Rousseau, pero que no cambia el sentimiento que tenemos de un absoluto práctico (que deriva de la voluntad, y no del conocimiento) y de una exigencia, para nosotros, incondicional. También estoy convencido de que toda moral es histórica. Pero, lejos de que eso suprima la moral, es, al contrario, lo que la hace existir y nos somete a ella: porque somos en la historia, y somos sus productos. Autonomía relativa, por tanto, pero que es mejor que la esclavitud de las inclinaciones o los miedos. ¿Qué es la moral? Es el conjunto de reglas que yo me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, no con la esperanza de una recompensa o el temor de un castigo, que sería sólo egoísmo, no en función de la mirada del otro, que sería sólo hipocresía, sino al contrario, de forma desinteresada y libre: porque me parecen imponerse universalmente (para todo ser razonable) y sin que haya necesidad para eso de esperar o temer cualquier cosa. «A solas —decía Alain—, universalmente.» Es la moral misma.

Escrito por André Comte-Sponville

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Patricio Díaz 01/21/2013 00:03

Felicitaciones. Me pareció muy claro, directo y profundo a la vez. Aclara ciertas cosas, sobre todo la moral-religión.

Muchas gracias

Amkiel 02/02/2013 11:54



André Comte-Sponville tiene esa habilidad: mostrar la profundidad con claridad.



Bastiano 06/05/2011 22:48


Muy buen texto


Amkiel 07/03/2011 17:48



Para muy buenas personas.