Leer por hablar

Publicado en 20 Enero 2010

Leer por hablarEn la mesa hay siete ponentes y un moderador. Cada uno dispone de veinte minutos para su intervención. Empieza la sesión. Cinco de ellos desenfundan un fajo de folios, bajan la cabeza y leen sin piedad. Los otros dos miran de frente... y hablan.

Cuentan, y quizá no sea cierto, que un viejo profesor universitario llegaba a clase con un vetusto magnetófono, lo ponía en marcha y volvía pasados cincuenta minutos para recuperarlo. Sus mejores clases estaban grabadas, ¿por qué renunciar a la perfección? Pero un día el viejo profesor olvidó el paraguas y regresó cuando sólo habían transcurrido veinte minutos. Al abrir la puerta se quedó con el pomo en la mano y la boca abierta. En el aula vacía sonaba su voz, pero eso ya lo sabía. Lo sorprendente era el centenar de magnetófonos de bolsillo que giraban en silencio, cada uno en cada silla, grabando, muy aplicados, la clase del día.

El cerebro que ha escrito el texto que se está leyendo y el cerebro que ha grabado la cinta que se está escuchando, tienen algo en común: ambos están ausentes. De hecho, el viejo profesor también podría haber optado por quedarse en el aula para doblarse a sí mismo moviendo los labios como si estuviera hablando. Un conferenciante que lee tiende a desconectar su cerebro, ¿por qué no va a hacer lo mismo su audiencia? Un conferenciante que habla es un cerebro que piensa, siempre a punto para la conversación. ¿Por qué acudir a una conferencia leída? Yo ya sé leer solito. ¿No podría alguien mandarme el folleto a casa? Conferenciante que hablas: tu imperfección es perfecta.

Escrito por Jorge Wagensberg

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Carlota 01/23/2010 17:47


...Y el haber encontrado tu blog de nuevo despues de tanto tiempoooooo....


Amkiel 01/23/2010 19:32


Ah, eso es otra cosa. ¡Bienvenida! Se te echaba de menos, que lo sepas.


Carlota 01/22/2010 22:05


El texto...


Amkiel 01/22/2010 22:10


Oh, vaya.


Lotta 01/21/2010 15:39


¡¡¡Que bueno!!!!


Amkiel 01/22/2010 21:24


¿El qué?


carmenneke 01/21/2010 08:38


Qué verdad tan verdadera. Cuando la triste realidad es que el viejo magnetófono del profesor y el fajo de folios han sido sustituídos por las inevitables presentaciones en Power Point,
prefabricadas y premasticadas ya. Qué alivio las raras veces en que vas a escuchar a alguien que tiene algo que CONTAR.


Amkiel 01/22/2010 21:23


La culpa también es nuestra que no siempre vamos a escuchar.