· La sal de la política ·

Publicado en 25 Julio 2011

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El diputado se levantó del escaño y se convirtió en estatua de sal, de color blanco cristalino. Su colega más próximo quiso socorrerlo ante lo que suponía blanca lividez previa a un desmayo y quedó asimismo convertido en estatua de sal. El tercer diputado inmediatamente afectado simplemente se había levantado para ir a la cantina, sin percatarse del alboroto que comenzaba ya a formarse en el hemiciclo. El presidente de la sala tomó entonces la palabra y pidió calma, serenidad y, sobretodo, no levantarse. Llamó por teléfono al ujier que vino a escape, pero nada más poner un pie en la sala hubo que añadir una nueva estatua de sal al cómputo general. La situación comenzaba a ser preocupante, sin posibilidad de moverse ni de ser asistidos desde el exterior. Entonces, en una decisión de pleno consenso, determinaron aferrarse al escaño de forma indefinida, aboliendo la democracia e instaurando una representación parlamentaria permanente desligada de la realidad exterior. Después de todo, ya estaban habituados.

Escrito por Amkiel

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