La huida

Publicado en 21 Agosto 2010

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El día anterior había dejado todo dispuesto: el depósito de combustible casi a rebosar, el ordenador portátil con la batería cargada, lo mismo que el teléfono, una caja de cartón llena de libros valiosos, la maleta con lo necesario, algo de dinero en efectivo...; incluso las Ray-Ban graduadas que sólo utilizo de vez en cuando.
 
Después de dejar a Julia y a las niñas a la puerta del colegio, ignorantes de mi decisión, continué de frente en la rotonda y, en vez de dirigirme, como cualquier otro lunes, a la librería que regento, enfilé la carretera de la costa. Descarté la autovía del interior porque el paisaje ribereño me resulta más sugestivo.
 
A primera hora de la tarde me detuve en un figón rodeado de pinos y palmeras, para reponer energías. Hasta ese momento sólo había bajado del coche una vez, para estirar las piernas y orinar.
 
Pedí un menú apetitoso, pero, a pesar de que el establecimiento tiene cierta fama, apenas probé bocado. Conducir durante kilómetros y kilómetros suele quitarme el apetito.
 
De nuevo en la carretera, estuve circulando sin pausa durante un par de horas, aproximadamente. Iba todo el rato a una velocidad moderada, escuchando música y memorizando el paisaje como si ya nunca más volviese a transitar por él. Pero, a la altura del Faro del Norte, detuve otra vez el vehículo y me puse a fumar con verdadero deleite el último cigarrillo que me quedaba. Luego me dirigí hasta la población más próxima, para tomar café y comprar tabaco. Cuando reanudé la marcha me encontraba más animado y con ganas de llegar pronto a mi destino.
 
A última hora de la tarde, visiblemente cansado, después de dar dos vueltas completas —una menos que la vez anterior— a todo el litoral, aparqué el coche justo delante de la puerta de casa. Las niñas acababan de terminar sus tareas escolares y Julia ya tenía todo preparado para la cena.
 
Por más que lo intento, nunca consigo huir de esta maldita isla.

Escrito por Fermín López Costero

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Edda 08/21/2010 21:58


Vive en una isla y regenta una librería. ¿De qué huye? El sueño de uno puede ser la pesadilla de otro.


Amkiel 08/22/2010 19:38



El mundo está mal sintonizado. Basta ver las carreteras en cualquier momento, gente que va y otra que viene, en vez de ponerse de acuerdo.