La autostopista

Publicado en 9 Agosto 2010

La autostopista

Debido a que trabajo en el turno de tarde, cuando finaliza mi jornada en el hospital resulta que ya es de noche, sobre todo en invierno. Después, aún tengo que recorrer treinta y cinco kilómetros, más de la mitad de los cuales transcurren por una carretera extremadamente sinuosa, para llegar a mi domicilio, situado en un pueblo pequeño y pintoresco, en las estribaciones de la sierra.
 
Desde hace un mes, a mitad de camino, aproximadamente, recojo a una muchacha del pueblo. Al principio, su compañía era agradable, y su conversación, cordial. Ahora, sin embargo, su presencia no me complace lo más mínimo; confieso, incluso, que empieza a resultarme fastidiosa. Además, últimamente la encuentro bastante desmejorada, y ya no soporto ese aroma pestífero que deja en el coche. Su discurso monotemático —al principio no me parecía que lo fuera— es insufrible: siempre la misma recomendación, todos los días la misma cantinela: que conduzca con cuidado, que no corra, que me fije en cómo está la carretera, que en esa curva, precisamente, fue donde ella se mató... Pero hoy de nada le servirá agitar su pulgar putrefacto: en cuanto la vea, pisaré el acelerador a fondo, me haré el distraído y pasaré de largo.

Escrito por Fermín López Costero

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Levemente 08/12/2010 18:14


¡Eeeinnnn!... ¿Entonces no era una leyenda urbana? 8-S


Amkiel 08/12/2010 20:08



Qué va, era una entelequia.



Edda 08/10/2010 19:37


Seguro que se sube en marcha. Tiene que evitar que se la pegue.


Amkiel 08/10/2010 20:53



Más bien creo que el próximo coche que pase encontrará una pareja de autoestopistas que no se hablan pero huelen.



carmenneke 08/10/2010 08:29


¿Los fantasmas también se van pudriendo con el paso del tiempo? Vaya chasco.


Amkiel 08/10/2010 20:52



Por supuesto, les pasa por estar muertos a la intemperie.