Historia del cerco de Lisboa [fragmento]

Publicado en 15 Marzo 2012

Historia-del-cerco-de-Lisboa.jpgLos errores atribuidos al corrector en definitiva no son suyos, sino de estos libros que no hicieron más que repetir, sin contraprueba, obras más antiguas, y, siendo así, compadezcamos a quien vino a ser víctima inocente de la buena fe propia y del ajeno error. Verdad es que, condescendiendo tanto, volveríamos a caer en la disculpa universal ya execrada, pero no la haremos sin previa condición, la de que, para su bien, atienda el corrector a la estupenda lección que sobre errores nos fue dada por Bacon, otro sabio, en el libro llamado Novum Organum. Divide él los errores en cuatro categorías, a saber idola tribus, o errores de la naturaleza humana, idola specus, o errores individuales, idola fori, o errores de lenguaje, y finalmente idola theatri, o errores de los sistemas. Resultan ellos, en el primer caso, de la imperfección de los sentidos, de la influencia de los prejuicios y pasiones, del hábito de juzgarlo todo según ideas adquiridas, de nuestra insaciable curiosidad a pesar de los límites impuestos a nuestro espíritu, de la inclinación que nos lleva a encontrar más analogías de las que realmente hay entre las cosas. En el segundo caso, la fuente de los errores viene de la diferencia entre los espíritus, unos que se pierden en los pormenores, otros en vastas generalizaciones, y también de la predilección que sentimos por ciertas ciencias, lo que nos inclina a querer reducirlo todo a ellas. En cuanto al tercer caso, el de los errores del lenguaje, el mal está en que muchas veces las palabras no tienen sentido, o lo tienen indeterminado, o pueden ser tomadas en acepciones diversas, y, finalmente, cuarto caso, son tantos los errores de los sistemas que no acabaríamos nunca si empezáramos a enumerarlos aquí. Válgase, pues, el corrector de este catálogo y prosperará, y sírvase también de los beneficios de aquella sentencia de Séneca, reticente como a los días de hoy conviene, Onerat discentem turba, non instruit, máxima lapidaria que la madre del corrector, hace muchos años, y sin saber latín y poquísimo de su lengua propia, traducía con natural escepticismo, Cuanto más lees, menos sabes.

Escrito por José Saramago

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Carmen Neke 03/17/2012 18:37

Lo que decía la madre del corrector también me lo decía a mí mi madre. A lo mejor por eso yo también soy correctora, a mi manera.

Amkiel 03/19/2012 21:11



Mejor ser corrector con errores que creerse perfecto y ser incorregible.