Herencia familiar

Publicado en 21 Octubre 2010

Herenciafamiliar

A fuerza de investigar, Pino Barbieri descubrió entre sus antepasados a un barón rampante y a un vizconde demediado. Casos extraños, como en todas las familias, pero nada comparable a la triste historia de los gemelos Rómulo y Remo, que inauguraron con su sangre dual una extraña dolencia. Apenas sus ojos y narices pasaron el umbral del nacimiento, sus cabecitas se resistieron a salir. Sorprendía la fuerza con que los bebés pugnaban por regresar al seno placentario. Nacidos finalmente en contra de su voluntad, sus vidas quedaron marcadas por ese obstinado recular del encéfalo. Los cuerpos crecían en longitud y volumen, pero entre los hombros se abría una sima que engullía lentamente las cabezas. De Remo no constan datos en los diarios familiares. Sin embargo, de Rómulo se describen los pormenores de una corta pero intensa vida de pendencias, meretrices y robos contra la hacienda pública. Cuando hubo de cumplirse la sentencia, el verdugo comprobó que no le cuadraba la horca porque Rómulo carecía de cuello.
 
En la soledad de la inmensa biblioteca del palacio, Pino Barbieri se preguntaba si Remo habría llegado a una vejez interrogante como la suya, y cuál habría sido en su cuerpo la evolución de la enfermedad. Quizá la respuesta permanecía oculta en alguno de los miles de libros y documentos que aún le quedaban por leer. Después de décadas de ceguera, era consciente de que se le había abierto una minúscula puerta a la luz que no tardaría en cerrarse para siempre. Sin perder un segundo más, sopló desde dentro para airear el agujerito, se ajustó el monóculo al ombligo y volvió a la lectura.

Escrito por Antonio Serrano Cueto

Etiquetado en #LITERATURA

Comentar este post