El tabaco perjudica (seriamente) la salud

Publicado en 12 Diciembre 2009

Fumar ha sido un placer de reyes, el símbolo de haber firmado la paz o también un acto de emancipación. Actualmente, al menos en Occidente, supone una actitud social incorrecta. Un desliz enmendado, con una severidad creciente, por leyes, reglamentos y normativas.

La hierba de Nicot se ha convertido en la hierba de Satán. El tabaco —nos lo recuerdan con sobradas razones— llena los hospitales y vacía las arcas de la Seguridad Social. Aumenta el riesgo de abortar espontáneamente y de alumbrar hijos con menos peso. Provoca bronquitis, cáncer, enfermedades cardiovasculares... Refrena la vitalidad y precipita la visita de la muerte.

Pese a estas advertencias alarmistas y a la cuarentena psicológica y económica a la que está sometido en Estados Unidos (una empresa de dicho país ha determinado que sólo empleará a quienes garanticen una abstinencia de un año), uno de cada cuatro estadounidenses y casi dos de cada cinco franceses se abandonan al vicio del cigarrillo o la pipa. Todos estos rebeldes, todos estos enamorados de los anillos y las volutas, sin embargo, estarán forzosamente avisados de que su humo no les reporta más que daños. Pero esto no es toda la verdad.

El tabaco protege. Aunque resulte tan paradójico como inesperado, protege del cáncer de pulmón. Por lo menos en determinadas circunstancias. Varios estudios convergentes han demostrado que, entre los mineros y los trabajadores que respiran polvo, el riesgo de que el cáncer afecte a sus bronquios disminuye en los fumadores, en detrimento de los no fumadores. La información reviste gran importancia y debiera haber sido ampliamente difundida. Por el contrario, ha sido filtrada. Silenciada. En el nombre de una verdad que hoy es sacrosanta: el tabaco provoca cáncer.

El tabaco protege. Protege —y la noticia que sigue es tan excitante como sorprendente— de la enfermedad de Parkinson. Da igual que se fume en pipa, que se fumen puros o cigarrillos: la probabilidad de contraer dicho mal se reduce a la mitad respecto a los no fumadores. Más asombroso todavía: los grandes ex fumadores también se ven afectados, en menor proporción, por ese envejecimiento patológico. Por último, parece que el tabaco retrasa la aparición de otra enfermedad neurodegenerativa, el mal de Alzheimer. Se ha dado publicidad a la información, pero en voz baja. Posiblemente, por la vigencia de otro tabú: el tabaco es una droga que destruye las células nerviosas.

Como no existen estudios en profundidad —¿para qué clamar en el desierto?— aún no se ha dilucidado el mecanismo mediante el cual actúa el tabaco. En el caso del cáncer de pulmón contraído en atmósferas cargadas de polvo, los investigadores que se han ocupado de este efecto opinan que su influencia positiva puede deberse al propio humo. Según explican, incrementa la secreción de mucosidad, protegiendo así los bronquios de la agresión de partículas extrañas. En cuanto a las enfermedades del envejecimiento cerebral, se han barajado distintas teorías, pero ignoramos cuál es el agente protector, si el humo o la nicotina.

Las células nerviosas poseen en superficie receptores de acetilcolina. Cuando una molécula de acetilcolina se fija en uno de dichos receptores se abre un canal iónico y una corriente eléctrica recorre la neurona. Ahora bien, al no ser muy selectivos, algunos de esos receptores pueden ser también activados por otra molécula, la nicotina. Se trata de receptores nicotínicos del sistema colinérgico.

Se ha supuesto que la nicotina contribuye a liberar más cantidad de dopamina y a multiplicar el número de receptores afines. En otras palabras, cuanto más se fuma, más dopamina —que es un antídoto contra la enfermedad— produce la neurona. Segunda hipótesis: la nicotina impide a determinadas toxinas fijarse a los receptores nicotínicos y dañar las células nerviosas.

Otras investigaciones se han centrado, en cambio, en los componentes del humo. Entre estos últimos hay varias moléculas, en particular el monóxido de carbono (CO), que protegen la membrana celular contra ciertos oxidantes u otros tipos de moléculas agresivas. También se piensa que la inhalación desencadena la liberación de unas enzimas que, según consta, contribuyen a eliminar una serie de sustancias tóxicas que el cuerpo, ineludiblemente, ingiere.

El tabaco protege. Protege a los mineros y los viejos, aunque a un nivel general también mejora rendimientos. Retrasa el declive de la agudeza visual y auditiva, refuerza la atención y aviva la memoria a corto plazo. De sobra lo saben los fumadores que encienden un cigarrillo tras otro para mantener despierto su intelecto.

En la experimentación con animales, de nuevo le toca al ratón. El test se realiza con una caja dividida en dos secciones: la primera iluminada, la segunda sin luz. De forma instintiva, el ratón se refugia en la parte oscura, pero, una vez allí, sufre una ligera descarga eléctrica. Se ha creado el dilema. Un ratón normal espera 3 minutos antes de reincidir. Un ratón que ha recibido una inyección de nicotina por vía venosa recuerda el castigo durante más tiempo y dejará que transcurran 5 minutos antes de buscar otra vez cobijo en la oscuridad.

En la experimentación con seres humanos se ha convocado a sujetos no fumadores. Al grupo de control se le ha suministrado placebo, mientras que a los grupos experimentales se les han proporcionado tabletas con distintas dosis de nicotina. La totalidad de la muestra es sometida, posteriormente, a un test de reconocimiento visual. Resultados: la nicotina incrementa la rapidez de reacción y su influencia es tanto más notoria cuanto mayor es su concentración.

El tabaco protege. El tabaco potencia la vigilancia. También produce euforia. Según una publicación reciente, la nicotina, al adherirse a los receptores colinérgicos de la neurona, favorece la liberación de grandes cantidades de ácido glutámico, una molécula que estimula el sistema límbico; es decir, el centro del placer del cerebro. Cada bocanada equivale a una nube de felicidad que, apenas desvanecida, invita a otra elevarse. Fumar, de algún modo, equivale a vivir en una nebulosa libre de tintes sombríos, incluyendo el temor a contraer un cáncer anunciado. Sin olvidar tampoco las falsas informaciones que aluden a la pérdida de olfato. Desde hace mucho tiempo, el rumor propaga que el cigarrillo y la pipa disminuyen la sensibilidad ante los olores. Es un dato sobrevalorado, acaba de asegurar un equipo de especialistas: los grandes fumadores rinden ligerísimamente menos que los no fumadores en un test olfativo que abarca 40 estímulos, pero esta disminución perceptiva es, a su vez, menor que la que afecta a los sujetos de más de sesenta años. Más aún, los fumadores, gracias a la nicotina, manifiestan mayor capacidad para memorizar los olores.

El tabaco, con un milenio largo de aprecio por los mayas en su haber, fue durante mucho tiempo una prerrogativa de los poderosos en Occidente. Entonces constituía un símbolo de placer y vida muelle. Los dirigentes de esas mismas sociedades lo rechazan hoy porque supone una fuente de calamidades y muerte. A su vez, ahora son los países pobres y los pobres que viven en los países ricos sus nuevos consumidores adictos. Puesto que quita el hambre y concede una breve ilusión de euforia, el cigarrillo se ha convertido en uno de los opios del pueblo. Pero a fuerza de ser estigmatizado (¿es el “cilindro” o el humo que desprende lo que asusta?), allende el Atlántico se ha trocado en un objeto erótico. Un número creciente de estadounidenses se abonan a unos smoking videos donde aparecen jóvenes vaporosas que se dedican exclusivamente a encender y consumir cigarrillos con deleite. Queda por saber qué chivo expiatorio vendrá a cubrir su hueco cuando el tabaco haya sido definitivamente quemado en la plaza pública.

Escrito por François Féron

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Mariona 12/13/2009 21:19


Vaya... un cierto y oculto placer me embarga al leer esto y es que no lo puedo disimular. ¡Como te pasas, Amkiel! Ahora que me disponía a mentalizarme sobre la remota posibilidad de dejar el oscuro
y mal visto vicio.
Bueno, lo voy a ir pensando mientras me fumo el penúltimo.


Amkiel 12/17/2009 21:34


Me gusta hacer de ahumado del diablo.


Edda 12/12/2009 23:35


No sé si me moriré de vieja, desarrollaré un cáncer o me la pegaré con el coche mañana, pero sí sé que dejar de fumar es lo mejor que he hecho en mi vida. Nunca pensé que lo diría.


Amkiel 12/13/2009 15:38


Ya veo, tu relación con el tabaco se convirtió en humo.


carmenneke 12/12/2009 22:08


Claro, los fumadores no tienen ni Parkinson ni Alzheimer: se mueren antes de tener ocasión de poder desarrollar estas enfermedades degenerativas.


Amkiel 12/13/2009 15:37


O los que tienen Parkinson o Alzheimer no fuman porque los primeros no aciertan a encenderlo y los segundos no saben lo que es.


AlmaLeonor 12/12/2009 20:04


¡Hola!
Si ya lo decía yo......¡¡Y ahora me lo dicen!!!
Besos.AlmaLeonor


Amkiel 12/13/2009 15:30


¿Acaso fumabas sin motivo?


AlmaLeonor 12/12/2009 19:51


¡Hola!
No sé si leer esto que has puesto.... ¿Lo has hecho a propósito, eing? jajajaja
Dejé de fumar el pasado 1 de noviembre.
Besos.AlmaLeonor


Amkiel 12/13/2009 15:28


Haz como Bruce, lee.