El cuerpo y lo sagrado

Publicado en 8 Septiembre 2013

El-cuerpo-y-lo-sagrado.jpgEl cuerpo es la Naturaleza. Para el mundo cartesiano eso significa que es de orden inferior a la Razón. Por consiguiente, en el hemisferio occidental el cuerpo ha sido infravalorado durante siglos. Y si el cuerpo en y para la Modernidad es un mero artefacto a disposición de quien tiene el poder político, económico o médico, se entenderá el silenciamiento al que ha estado sometido en la tradición occidental. Para mayor inri, las corrientes religiosas más ascéticas, que animan a renunciar a la tríada Naturaleza-cuerpo-mujer, han reforzado considerablemente esta marginación. La cosa viene de lejos: el cuerpo simboliza la tentación, el deseo, la incontinencia material. (Curioso, en un territorio donde la encarnación divina ha sido cardinal.) Está claro que las espiritualidades platónica, advaitin o budista tienen tendencia a olvidar el fundamento somático en el corazón del cristianismo, el hinduismo o el budismo.

Pero hoy el cuerpo se está revalorizando y reivindica —junto al mundo afectivo y emocional— su lugar al lado de la razón. Claro que —alimentado por el bombardeo publicitario— el cuerpo puede convertirse en ídolo de culto. Pero eso ya es otro cantar.

En buena medida, gracias a la ciencia la dimensión material de la humanidad ha sido reconsiderada. (De donde la tentación de reducir el ser humano a un mero conjunto de genes, memes y neuronas; pero eso también es otro cantar.) La ciencia nos desvela nuestra animalidad, nuestra incrustación con las demás formas de existencia. No somos excepcionales. Los etólogos saben que el altruismo y la compasión existen entre bonobos, chimpancés o delfines. Los elefantes ritualizan la muerte. Hay quien piensa que los sonidos de los pájaros están más próximos a los mantras que al lenguaje convencional. Todo eso apunta a que la capacidad simbólica está presente en ciertos animales.

La ritualización del cuerpo forma parte esencial de toda cultura. Las actividades corporales más básicas, como la alimentación o la sexualidad, están muy presentes en los rituales religiosos, aunque en muchos casos escapen al ojo del foráneo. Los rituales están repletos de danzas, unciones, respiraciones, comidas... Comportan movimientos secuenciales (gestos, vaivenes), socialmente interactivos (canto, danza, murmuración), y fórmulas sónicas (liturgias, textos canónicos) que sincronizan estados afectivos entre los miembros del grupo. Hasta la mística tiene mucho de experiencia somática. Todas las tradiciones yóguicas, contemplativas o extáticas, se sirven de la corporalidad para acceder a un plano transpersonal. En fin, esta recuperación del cuerpo sintoniza con el papel que ha tenido en muchas culturas, donde ha sido y es considerado con frecuencia un microcosmos del universo. Muy en especial en las sociedades de pequeña escala.

Lo espiritual entra, se da y sale por el cuerpo. La identidad religiosa, también.

Escrito por Agustín Pániker

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