Arte poética

Publicado en 4 Enero 2010

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Escrito por Jorge Luis Borges

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Levemente 01/25/2010 22:43


Pues mire usted... ¡resulta que sí mido 1’70!, solo que recién levantada... y al parecer dura poco. Esta tarde vi un programa en la 2 estupendo. Se llama “Tres14” muy apañado él y divulgativo.
Habla de ciencia y cositas interesantoides. Contaban, entre explicaciones sobre titanes extintos (mismamente dinosaurios) y otros próximos a extinguir al paso que vamos (mis amados hermanitos
cetáceos), por ejemplo que al despertar medimos un centímetro más. Y es que sucede que a lo largo del día, por el peso de nuestro body, el cartílago que hay entre las vértebras de la columna se
encoge justo un cm, je. Así que... cuidaiiiito Sr. Amkiel. También te podría explicar por qué los pajaritos que se posan en cables eléctricos no se convierten en “pío-pío al last”... sin recordase
la razón que han dado para que no se frían. En cualquier caso como no pega... pa’ qué.

Dicen que el tamaño importa. Quien lo dice no sabe –bien-lo que dice. Siempre al menos. Hay casos en los que 10 cm pueden... ¿destrozar? Otros en cambio, salvar una autoestima y por ende a un ser
humano.


Amkiel 01/26/2010 20:24


Sepa usted que si el lindo pajarito le da por extender sus preciosas alitas y toca otro de los cables o la propia torre, se convierte en chamusquina de pajarraco.


Levemente 01/24/2010 17:24


En realidad eso decimos las de metro (más sesenta y nueve).


Amkiel 01/25/2010 20:31


Total, ¿qué importan diez centímetros más o menos?, cof, cof. 


Levemente 01/23/2010 23:01


Viene a ser como cuando se dice que van 50 comentarios y en realidad se han publicado 43. Aunque 7 comentarios frente a 1 centímetro... no sé yo, no sé yo... ;-P

Es curioso... siempre digo que mido 1.69 (cifra exacta) precisamente porque me resulta “gracioso” lo del redondeo al alza, pero mira tú por donde... voy y me subo. Se ve que, en efecto, donde las
dan las toman. Ahora comprendo verdaderamente que la gente siempre mida de más por obra y gracia de... las ganas (¿o son los casi?). Que por cierto... resulta que según muchos hombres estoy sobre
el 1.75, dado que nuestras cabezas están al ras... y que ellos querrán alcanzar la media nacional. Me late que el medidor ese de la mili (argumento al uso) tiene que fallar eeeeehhhh, porque a mí
me ha regalado 6 cm.

De todas maneras, con esto de encontrarme en lo que llamo “meseta vital” (o sea potencialmente la mitad de mi life), imagino que de aquí en adelante tendré que ir restando centímetros, je. Aunque
ahora que lo pienso... ¡me puedo ahorrar la “operación en busca del apéndice ad hoc”! Como la nariz y las orejas si siguen creciendo... ¿pa’ que pagar a un cirujano?


Y a todo esto... ¿doler por qué?


Amkiel 01/24/2010 16:35


Sí, sí, eso dicen todas las metro y medio (más diecinueve).


Levemente 01/23/2010 16:53


¡Las ganas!

Tan pesada como 53 kg en casi 1'70.

Por un beeesoooo de la flaaaacaaaa yo daría lo que fueraaaaa, por un beeeesooo aunque sólo uno fueraaaa (chan-chan-chaaaaaannnn), aunque solo fueraaaaa... ¡chin pon! (que cantaría "Jarabe de palo")


Amkiel 01/23/2010 18:50


Ay cómo debe doler ese casi. ;-p


Levemente 01/20/2010 22:29


Si chi-pon... ni me(dia) pal(abra) m(ás).


Amkiel 01/22/2010 20:49


Eso espero, pesada aunque leve. :-p


Levemente 01/19/2010 22:56


No lo sabe usté bien... toda una experta en petites choses... ¡chin-chin!


Amkiel 01/20/2010 21:38


Chin-pon.


Levemente 01/18/2010 22:51


Mire usté, viví yo durante un tiempito en una casita con chimenea. Y hacía lo que vos. Me sentaba en la alfombra (se me da muy bien estar en posición loto o similar, je), frente a la tele-fuego,
con una copita de vino (copa, nada de vaso, faltaría más... y ¡tinto por supuesto!)... y oiga... la más feliz del mundo mundial... y planetas aledaños.


Amkiel 01/19/2010 20:59


La felicidad en las pequeñas cosas. Usted es una sibarita. Brindo por ello.


Levemente 01/17/2010 17:19


¡Forestales no!... que ya se ha quemado bastante monte. De chimenea, que además me pierden... esa danza de llamas, ese crujir de la madera que parece que le parte el alma... ¡mmmmmmmmmmmmmmm!

Como será que con un caló que pa' qué -principio de september- cuando fui a hacer la ruta de los pueblos blancos la tuve que encender en la casita que alquilamos. ¡Ains... es como una adicción y
como en mi hogar, dulce hogar! no hay pues... cada vez que tengo ocasión, aprovéchola.


Amkiel 01/18/2010 20:44


Apenas veo la televisión por aburrida, pero si tengo ocasión de mirar una chimenea me trago toda la programación de troncos ardiendo que haya puesta.


Levemente 01/16/2010 23:29


Espinas las rosas... y terciopelo.


Amkiel 01/17/2010 15:50


Terciopelo ardiente y fuegos forestales.


Levemente 01/15/2010 23:29


¿Y cuántas tienen las sirenas?

De mar, entiéndase.


Amkiel 01/16/2010 19:14


Tantas como espinas.


Levemente 01/15/2010 07:10


En una linda película (“El príncipe de las mareas”) Ton Wingo, el protagonista, casi al final, sentado en una grada del estadio... reflexiona consigo mismo ante la imposibilidad de amar a dos
mujeres al mismo tiempo. O mejor dicho... de no poder tener una relación con cada una de ellas no por falta de sentimiento sino por honestidad, porque como decía su segunda ella, la doctora
Lowenstein, era uno de esos tíos que siempre vuelve con su familia.

De nuevo en presencia de su mujer y sus hijas, de las que se alejó por encontrarse en crisis personal aunque supuestamente la razón era el intento de suicidio de su hermana, en su vida sureña, era
donde tomaba conciencia de su vida... de su destino... “Soy profesor, entrenador y un hombre muy querido... y eso es más que suficiente. En Nueva York aprendí que necesitaba querer a mi padre y a
mi madre, con toda su defectuosa y escandalosa humanidad. Y que en las familias no hay delitos que sobrepasen el perdón. Pero es el misterio de la vida lo que ahora me intriga... y miro hacia el
Norte. Y vuelvo a pensar que ojalá repartieran dos vidas a cada hombre... y a cada mujer. Al final del día atravieso en coche la ciudad de Charleston, y mientras cruzo el puente que me lleva a casa
noto que unas palabras me brotan de dentro. No puedo detenerlas ni sé por qué las digo. Pero al llegar a lo alto del puente... esas palabras llegan a mí en un susurro. Las digo como una oración,
como un lamento, como una alabanza. Digo. Lowenstein, Lowenstein...”

Y la reseña viene a cuento porque la cita con la que cierras el Panfletus y que invita a que nos marchemos a “vivir” está muy bien y es recomendable. Pero no es menos cierto que aquí, en este
bitácora, y el en mío, en el de más allá... de algún modo, los que participamos, los que conformamos... tenemos otra vida paralela tan válida, auténtica y enriquecedora como la de ahí afuera...
pues tiene que ver, fundamentalmente, con la de los adentrados adentros de cada uno. ¡He dicho!


Amkiel 01/15/2010 21:01


Los gatos tienen siete vidas, pero nosotros tenemos tantas como nos propongamos.


Levemente 01/13/2010 22:11


Por un momento pensé que dirías: “Y ahora sonría, cierre el panfleto... y pase por caja” :-)

Sí, podrías cambiarlo... pero perdería toda la poética de la frase original. ¡Y mira qué nombre diste a esta entrada!


Amkiel 01/14/2010 20:28


En la profundidad (de abajo) de tus comentarios es fácil perder el horizonte (de arriba) del título del artículo.


Levemente 01/12/2010 23:07


Para que veas qué gran verdad esa que defiende que lo realmente importante no es lo observado, sino el ojo que observa.

Si sigues sirviéndonos delicatessen... y si un día me pilla con apetito de más... mordisco al canto... ¡aaaaah se sienteeeee!

Además de Leve es que soy pelín Parcanta... digo Carpanta.


Amkiel 01/13/2010 20:30


Entonces tendré que cambiar la frase de despedida por “...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a hacer la digestión.”


Levemente 01/11/2010 23:56


Sí señó.

¿Y un Panfletus con el fondo de hoy podría ser un campo sembrado de coliflores o coles de Bruselas?... Es la sensación que tengo cada vez que se me abre la ventanita. ¡Mmmm qué rica la primera!,
aunque dé gases. ¡Baaaahhhggg, qué malita las segundas! ¡Y el brecol... ooohhhh...me relamo aunque ya haya cenado!


Amkiel 01/12/2010 21:05


¡Pero si eran abanicos de plumas decimonónicas o versallescas! Qué peligro, el día menos pensado me muerdes el panfleto.


Levemente 01/10/2010 17:23


Probablemente, pero creo que detrás de un gran autor a menudo hay un gran hombre. Nunca perfecto por aquello de nuestra perfecta imperfecta (y escandalosa) humanidad.
Del mismo modo... detrás de muchos genios hay auténticos... impresentables; a nivel hombre-persona, entiéndase.


Amkiel 01/11/2010 20:08


La clave es que un genio no es quien así se cree sino quien los demás consideran así.


Levemente 01/09/2010 20:11


Y que "pequeños" se sentían muchos grandes. Posiblemente eso ayudaba convertirles en extraordinarios.
¡Viva la humildad!


Amkiel 01/10/2010 16:36


Muchos grandes lo son por el pedestal al que los subimos sus admiradores.


Levemente 01/08/2010 23:59


El gran Borges... siempre tan sabio. Ese que pasó y que siempre queda. Como su río.


Amkiel 01/09/2010 18:08


Somos afortunados por disponer del legado de tantos grandes.