Un espejo en la sombra

Publicado en 8 Septiembre 2009

Un espejo en la sombra
suele aguardar un repentino advenimiento.
Pero a veces se pierden
el aliento y el color de los ojos
y la costumbre de mover las manos,
y entonces no sabemos qué es aguardar siquiera.
Sucede cuando no estamos seguros
de ser el reflejado por los escaparates;
cuando giramos la cabeza
hacia quien no nos ha llamado y sonreímos.
Sólo aquello que amamos nos distingue
en medio de la noche.
Es amar y tender las manos
lo único que, por tanto, puede hacerse.
Suele ocurrir en mayo o junio,
cuando el sol va muy alto
y buscamos con ansiedad entre los árboles
sin saber con certeza qué,
y nos inquietamos diciendo «cuánto tarda»
sin habernos citado antes con nadie.
 
Sólo aquello que amamos
es capaz de decirnos quiénes somos.
Suele ocurrir en mayo o junio,
y hay quien se enamora de sólo una palabra
y quien se enamora de unos labios cerrados.
Pero es preciso andar sin preguntar adónde
hasta sentir la voz que llama desde lejos,
y que repite un nombre que ignorábamos,
y ese nombre es el nuestro,
y es a nosotros a quien llama.

Escrito por Antonio Gala

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Edda 09/09/2009 19:30

Jaja, la primavera dices.¿No sabes que para enamorarse cualquier estación es buena?
No te preocupes que, al menos yo, no me voy a ninguna parte.

Amkiel 09/09/2009 21:36


Para relaciones fugaces: las estaciones del AVE.


Edda 09/09/2009 18:44

¿Hay que esperar a mayo o junio? Jo, que queda mucho.

Amkiel 09/09/2009 19:24


Es el efecto “primavera”. Por eso lo pongo ahora, para que no os larguéis todos y todas a enamoraros mutuamente y me dejéis panfletizando solo.