Adamar

Publicado en 25 Agosto 2009

Adamar es amar mucho
San Juan de la Cruz
 

Viniste como supe que vendrías:
sola, callada, sin llegar del todo,
quedándote al marcharte, agua
del mar que a la orilla las olas
acercan y se llevan tras dejar
la sustanciosa sal honda en la arena.
Viniste como supe que vendrías,
y me dejaste mudo si bien lleno
todo el silencio ya de tu mensaje;
y me dejaste ciego pero abiertos
los ojos a lo no visto; la luz.
Me hallaste donde siempre te buscaba,
siempre a tu encuentro decidí perderme.
Decías escuchando, así la brisa
marina que a su paso suena oyendo
el rumor de los cuerpos en la playa,
la música del mar entre los cuerpos.
Y me tocaste como el aire,
suavemente aunque envolviéndome
todo; y cada poro
abierto a ti al mundo se cerraba.
Viniste como quise que vinieras,
marchándote, dejándome quedar
a solas con tu fondo de belleza
no conquistada, aún no descubierta,
cuerpo de alma, flexibilidad
de junco que un suspiro dobla
y su eco pone en pie: salvajemente
natural, sencilla, amor a más.
Viniste cuando supe que vendrías,
como la vida, no como la muerte,
revelación del interior oscuro
que sólo la fragilidad de tu mirada
vencer podía ―ni siquiera
tu nombre, la palabra
no pronunciada aún ni escrita nunca.
Viniste por el único camino
sin pasos que llevaba a alguna parte
de mí, de ti, del mundo
nuestro: por eso te adamaba.

Escrito por Ángel Guinda

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