Un sueño

Publicado en 8 Junio 2009

Estaba muerta, sin calor. La herida era visible apenas en el flanco: estrecha fuga para tanta vida. El lienzo fúnebre era tan blanco como el cuerpo. Jamás el ojo humano verá más blanco que aquel blanco. Ardía impetuosa la primavera en los cristales donde insectos inermes golpeaban con alas rumorosas. Huyó el calor de ella. Yo pregunté: ¿Duermes? Más cerca, con risa salvaje, repetí: ¿Duermes, duermes? ¿Duermes? Al recordar que aquel acento no parecía el mío, me vuelve hoy el terror. No escuché ni un murmullo. Cautivo de la roja arquitectura se dilataba en el bochorno un fuerte olor a descubierta sepultura. El hálito invisible de la muerte me estaba sofocando en la cerrada habitación. Le dije nuevamente a la mujer inerte: ¿Duermes, duermes? Nada, nada. El lienzo fúnebre era tan blanco que nada, ¡nada verá el ojo de un hombre más blanco que ese blanco!

Escrito por Gabriele D'Annunzio

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