Las ventajas de hacer el ridículo [fragmento]

Publicado en 26 Mayo 2009

(...) Siempre me ha fascinado la increíble e inalterable capacidad que tienen los anglosajones para ponerse en ridículo y quedarse tan campantes. Los hombres y las mujeres más serios e influyentes del mundo pueden cometer en cualquier momento el acto más absurdo y estrafalario sin que les tiemble el pulso y, lo que es más importante, sin que su entorno se lo critique. De hecho, la excentricidad forma parte de los estereotipos nacionales de los británicos: es el viejo tópico del inglés chiflado. Y los norteamericanos son directos herederos de ese rasgo cultural.
 
En cambio, a los hispanos en general, pero sobre todo a los españoles, nos horroriza hacer el ridículo. Tenemos el orgullo en carne viva, y una conciencia tan aguda y enfermiza de nuestra apariencia, de lo que los otros pensarán sobre nosotros y del qué dirán, que preferimos pecar de mudos, paralíticos y sosos de solemnidad. Es decir, preferimos la pasividad total antes que hacer nada que pueda terminar siendo risible. Y así, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, los niños aprenden a hablar en público en las escuelas, y los adultos disfrutan organizando ceremonias, declaraciones y pequeños espectáculos personales en bodas, banquetes y bautizos, nosotros, por lo general, no abrimos la boca ante una audiencia ni aunque nos introduzcan un anzuelo. Por no hablar de bailar, o actuar, o hacer el ganso. En España, las personas serias no pueden hacer eso.
 
El agudo Lord Byron sostenía que la larguísima decadencia española había empezado con El Quijote, y que la obra de Cervantes, que era nuestro icono cultural nacional, nos había hecho un daño terrible al enseñarnos que atreverse a soñar, a perseguir las propias quimeras y a ser distinto, sólo conducía al más espantoso y patético de los ridículos. De ahí nuestro orgullo sangrante e hipersensible, nuestro miedo a la mofa tan extremado.
 
Este pensamiento era una boutade de Byron, desde luego, pero una boutade enormemente sabia. Porque es cierto que los españoles estamos atrapados e inmovilizados por un sentido del ridículo desproporcionado y patológico. Y porque también es verdad que la historia se mueve con el impulso loco de los soñadores, de los iluminados, de los extravagantes que no temen ponerse el mundo por montera a la hora de perseguir sus ideales. Los típicos y tópicos excéntricos ingleses han explorado África, han conquistado imperios, han descubierto fórmulas magistrales, han inventado ingenios mecánicos. Los grandes personajes de la historia hoy son considerados grandes porque alcanzaron el éxito, pero en su inmensa mayoría tuvieron que sufrir en algún momento la rechifla de sus coetáneos. Y por cada uno que triunfó tuvo que haber decenas de fracasados que sólo consiguieron una cosecha de burlas.
 
(...) A nadie le gusta que se rían de él, pero la mayoría de los países ponen el miedo al ridículo en su justo lugar, no es algo paralizador ni aniquilante. Y algunas culturas, como la anglosajona, incluso hacen alarde de ese arranque extravagante, de la rareza visionaria, aunque sea absurda. No les ha ido nada mal cultivando la originalidad, porque ya es bastante difícil cambiar las rutinas del mundo como para detener tu empeño solamente por el miedo a las risas de los demás. Nosotros, mientras tanto, seguimos sentaditos y quietos en un rincón, no vaya a ser que alguien nos mire. Es posible que así no hagamos el ridículo, pero lo que es totalmente seguro es que no haremos nada.

Escrito por Rosa Montero

Etiquetado en #RACIOCINIO

Comentar este post

Anjanuca 05/27/2009 17:11

Neke ¿te dan envidia? A mí ninguna, eso es tener mal gusto no carecer de sentido del ridículo. Yo sentido del ridículo tengo, y mucho, pero eso no tiene nada que ver con que me deje coger con los rulos puestos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Amkiel 05/27/2009 21:01


Tener mucho sentido del ridículo da risa (a los demás).


carmenneke 05/27/2009 13:31

Tiene toda la razón la señora Montero, yo siempre he envidiado a esos extranjeros capaces de pasearse por la Costa del Sol con una ropa especialmente diseñada para ir de guiri por el mundo. O las holandesas que vi el fin de semana pasado montando en bici con un atuendo sospechosamente parecido al de su ropa interior de los domingos. Pero tan fresquitas y felices que iban ellas, claro.

Amkiel 05/27/2009 21:00


Ya lo decía Góngora: "ande yo fresquito y ríase la gente" (¿o era caliente?).