· El túnel ·

Publicado en 2 Mayo 2009

El túnel era viejo e inseguro, por eso el gobierno había decidido construir uno nuevo más moderno, algo totalmente coherente pues menuda absurdidad sería construir algo nuevo más antiguo. Un grupo de palas y perforadoras industriales habían comenzado en marzo a perforar en el lado norte y, tres meses después, comenzaron otras en el lado sur. El ritmo de avance era escaso, apenas unos seis metros cada día dada la dureza de la montaña con la que se enfrentaban. A los dos años llegó el momento en que deberían de encontrarse los extremos de las perforaciones pero eso no ocurrió. Se continuó trabajando un mes más por si habían fallado los cálculos, unos 200 metros adicionales por cada lado, pero nada sucedió. Entonces se levantaron nuevos planos topográficos de la zona, se hicieron prospecciones con el fin de datar los diferentes estratos geológicos, se analizaron los registros de actividad sísmica de los últimos quinientos años y hasta se contó con la ultramoderna tecnología de los satélites para realizar el posicionamiento de los extremos del túnel. Los resultados eran sorprendentemente claros, los dos extremos ya coincidían desde hacía un mes. Ante tal situación, los ingenieros decidieron continuar perforando mientras repasaban una y mil veces los datos. Pasó otro mes más sin encontrarse ambos extremos. El gobierno comenzó a impacientarse y los ingenieros fueron convocados de urgencia en la sede central "Señores ingenieros, todos los túneles tienen salida menos el suyo, al final de todo túnel hay una luz, ¡menos en el suyo!". Las obras se detuvieron en espera de que la NASA enviase un ingeniero especialista en túneles, para vergüenza de los ingenieros autóctonos.
 
A los tres meses de haber pasado la fecha de encuentro teórica de los extremos del túnel se oyó un ruido enorme en su interior, seguido de una nube de polvo saliendo por ambas bocas. Uno de los ingenieros que estaba estudiando por enésima vez los planos sintió el estruendo y fue corriendo hasta el lugar. Una vez que se hubo dispersado el polvo se aventuró túnel adentro para descubrir con asombro cómo en el punto exacto previamente calculado para la unión de los extremos del túnel había una pequeña montaña de escombros, la cual no impedía ver la continuación del túnel hasta su final en la otra vertiente de la montaña. "Claro", pensó, "no contamos con que había un desfase de tres meses entre ambas perforaciones, por eso no habían coincidido hasta ahora".

Escrito por Amkiel

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carmenneke 05/02/2009 20:26

La paciencia es la madre de toda la ciencia. Eso es algo que pueden olvidar hasta los ingenieros.

Amkiel 05/03/2009 18:16


A los ingenieros no les aplica, pues no son científicos sino tecnólogos.