¡Buenos días, angustia! [fragmento]

Publicado en 12 Diciembre 2016

¡Buenos días, angustia! [fragmento]

En Oriente se cuenta esta historia, que no sé si es de origen budista o taoísta. Un monje camina por el bosque, pensativo, inquieto. Es un monje común y corriente, no es un sabio ni un liberado vivo: no ha conocido el despertar ni la iluminación. ¿Por qué se inquieta? Porque supo que su maestro —que sí era un sabio, un liberado viviente, uno que había despertado— ha muerto, lo que no es grave, asesinado a golpes de palos por bandoleros, lo que tampoco es tan grave. No hace falta ser sabio para comprender que se debe morir un día u otro y que la causa apenas importa, que sólo es impermanencia y vacuidad. Cualquier monje lo sabe. ¿Por qué entonces esa frente preocupada, esa perplejidad, esa difusa inquietud? Porque un testigo, que presenció la escena, informó a nuestro monje que el sabio, bajo los golpes, había gritado de manera atroz. Y esto tenía trastornado a nuestro monje. ¿Cómo podía gritar atrozmente un liberado viviente, alguien que había despertado, un buda, por algunos golpes de palos impermanentes y hueros? ¿Para qué tanta sabiduría si se iba a gritar como cualquier ignorante? En medio de sus meditaciones, nuestro monje no vio que se acercaban unos bandoleros que lo atacaron de súbito y le quebraron los huesos a golpes. Nuestro monje gritó atrozmente bajo los golpes. Y, gritando, experimentó la iluminación.

¿Y cuál es la lección? Entre otras, ésta: el sufrimiento y la angustia forman parte de lo real. Forman parte de la salvación. Son eternos y verdaderos tanto como lo demás. Y la sabiduría está en la aceptación de lo real, no en su negación. ¿Qué más natural que gritar cuando se sufre? ¿Qué más sabio que aceptar la angustia cuando se experimenta? «Mientras establezcas una diferencia entre el samsâra y el nirvâna —decía Nâgârjuna—, estás en el samsâra.» Mientras establezcas una diferencia entre tu pobre vida y la salvación, estás en tu pobre vida.

Escrito por André Comte-Sponville

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