El padre Pierino [fragmento]

Publicado en 2 Noviembre 2014

El padre Pierino [fragmento]

La mujer estaba embelesada, pendiente de los labios del cura.

—Entonces usted dice que... que yo... que yo debería...

—Debería luchar por su felicidad, como hacen todos, siempre. Respetando a los demás, amando al prójimo y a la vida, que es el don más grande que nos ha sido dado. Debería hablar y escuchar, sonreír y manifestar todo el amor que lleva dentro a quien, quizá, no tiene la fuerza de pedírselo.

Enrica volvió a sonreír. El padre Pierino pensó que la muchacha era de esas personas que cuando sonríen cambian por completo de expresión, como si sonriesen con todo el cuerpo.

—De modo que debería esforzarme, debería armarme de valor y pelear por mi felicidad, ¿es así? Debería tomar la iniciativa.

El cura se dio cuenta de que la señorita ya no hablaba con él, sino consigo misma. Se apoyó en el respaldo, otra vez con las manos cruzadas sobre el vientre y cara de contento.

—Lo ha entendido perfectamente. Si luego él no quisiera, si su elección fuera otra, entonces encontrará usted otra manera de ser feliz, créame, hay muchas otras. Lo importante en su caso es tener la certeza de haber hecho cuanto estaba en su poder para conquistar la felicidad. Simple, ¿no?

Enrica se levantó. Tras las gafas, su mirada proyectaba un nuevo fulgor.

—Sí, padre. Simple. Era eso lo que no había comprendido, lo que no supe comprender. En realidad todo es así de simple. Si se quiere ser feliz, hay que poner manos a la obra. Le doy las gracias, padre. Le estoy muy agradecida.

—Gracias a usted —dijo el padre Pierino sonriendo—, por haberme elegido como confidente. Ah, y le ruego que me mantenga informado.

Escrito por Maurizio de Giovanni

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