Publicado en 24 Diciembre 2016

La comunicación existencial

La comunicación existencial está tan lejos de la transmisión empírica o racional como de una voluntad de poder que impulsa a un sujeto a someter a otro. Mientras que la conciencia en general se ocupa de realidades objetivas, la existencia sólo conoce convicciones: vive por ellas y a veces muere por ellas. Si estas convicciones pudieran imponerse a través de una racionalidad vinculante, perderían su verdad existencial, porque tienen sentido y verdad sólo para la existencia en su libertad, lo cual excluye toda obligación física o lógica.

Las convicciones con que la existencia se liga a la vida, a la muerte, a lo absoluto, son comunicables únicamente en un intercambio para el que la libertad —y, por tanto, la resistencia— del otro, su ser irreductiblemente diferente, constituye a la vez un obstáculo constante y una condición indispensable. [Karl] Jaspers denominó «combate amoroso» al proceso de este intercambio.

Se trata realmente de un combate, pues la comunicación tiene lugar de existencia a existencia, es decir, como relación eficaz entre dos absolutos. Este combate tiene lugar «por amor» porque la existencia no busca en él la victoria, sino la verdad, para el otro y para sí. Pero como sea que cada existencia sólo es ella misma por el absoluto al que se vincula, su resistencia respecto al otro será tan absoluta como su apertura hacia él.

El «combate amoroso» tiene, pues, muy poca relación con lo que se suele llamar «tolerancia». La «apertura» de la existencia no es una «apertura espiritual»; la existencia no se abre a las «ideas» para insertarlas sin resistencia entre las suyas. Se abre a la otra existencia, a lo absoluto del que ésta vive, y hace algo más que abrirse: experimenta, se apropia, lucha, porque es su propio absoluto lo que está en juego cuando encuentra el del otro. Por esto, como dice Jaspers, la comunicación existencial es un combate, sin reservas ni límites, sin consideraciones, en el que la cuestión es la existencia del otro, a través de la cual se actualiza la mía.

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Escrito por Jeanne Hersch

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Publicado en 24 Diciembre 2016

EL INSTANTE

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

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Escrito por Jorge Luis Borges

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Publicado en 13 Diciembre 2016

El dinero [fragmento]

El dinero mide todo lo que tiene un precio, pero también, por ello, lo que no lo tiene, quiero decir el precio mismo que ponemos a las cosas, a la gente, a todo lo que no es nosotros. De este modo mide, por lo menos negativamente, por lo menos por diferencia, nuestro propio valor, que siempre es sólo la parte de nosotros que se le escapa. El valor de un ser humano, su dignidad, como dice Kant, es lo que de él no está en venta, lo que no tiene precio, aquello contra lo cual el dinero nada vale, nada puede. ¿Esto es mucho? ¿Es poco? A cada uno corresponde decidir, por su propia cuenta, y tanto peor si el dinero se nos impone. Si todo se vende, nada vale.
 

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Escrito por André Comte-Sponville

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Publicado en 12 Diciembre 2016

¡Buenos días, angustia! [fragmento]

En Oriente se cuenta esta historia, que no sé si es de origen budista o taoísta. Un monje camina por el bosque, pensativo, inquieto. Es un monje común y corriente, no es un sabio ni un liberado vivo: no ha conocido el despertar ni la iluminación. ¿Por qué se inquieta? Porque supo que su maestro —que sí era un sabio, un liberado viviente, uno que había despertado— ha muerto, lo que no es grave, asesinado a golpes de palos por bandoleros, lo que tampoco es tan grave. No hace falta ser sabio para comprender que se debe morir un día u otro y que la causa apenas importa, que sólo es impermanencia y vacuidad. Cualquier monje lo sabe. ¿Por qué entonces esa frente preocupada, esa perplejidad, esa difusa inquietud? Porque un testigo, que presenció la escena, informó a nuestro monje que el sabio, bajo los golpes, había gritado de manera atroz. Y esto tenía trastornado a nuestro monje. ¿Cómo podía gritar atrozmente un liberado viviente, alguien que había despertado, un buda, por algunos golpes de palos impermanentes y hueros? ¿Para qué tanta sabiduría si se iba a gritar como cualquier ignorante? En medio de sus meditaciones, nuestro monje no vio que se acercaban unos bandoleros que lo atacaron de súbito y le quebraron los huesos a golpes. Nuestro monje gritó atrozmente bajo los golpes. Y, gritando, experimentó la iluminación.

¿Y cuál es la lección? Entre otras, ésta: el sufrimiento y la angustia forman parte de lo real. Forman parte de la salvación. Son eternos y verdaderos tanto como lo demás. Y la sabiduría está en la aceptación de lo real, no en su negación. ¿Qué más natural que gritar cuando se sufre? ¿Qué más sabio que aceptar la angustia cuando se experimenta? «Mientras establezcas una diferencia entre el samsâra y el nirvâna —decía Nâgârjuna—, estás en el samsâra.» Mientras establezcas una diferencia entre tu pobre vida y la salvación, estás en tu pobre vida.

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Escrito por André Comte-Sponville

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Publicado en 25 Noviembre 2016

ADÉU AL MASCLE!

¿Per què t’afues, dret, cap a la mort petita
que t’assetja al tombant d’aquest paisatge clos?
Per què signes amb foc l’escala del rellotge?
No. Vine com un riu traginador de llunes!

Allargassa’t a pler sota els tendals de boira.
Saluda els brins de l’herba, l’olor del pa, l’argila.
Afilera palets en copes sense fons.
Esfilagarsa’t, dolç, pels sellons i les ribes.

Sargantana voraç, beu-te el sol i la pluja,
la flonjor de la llana que recaptes dels núvols,
el viu dels cavallets del dimoni, el silenci
i els tresors que l’atzar congria a les rècues.

I emmiralla’m, obert, des del pou fins al delta,
on oblidem l’ençà, negats d’amor i d’aigua.

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Escrito por Maria-Mercè Marçal

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Publicado en 24 Noviembre 2016

Cançoner (#99)

Ja que tant vós com jo hem comprovat
com el nostre esperar se'ns torna frau,
rere aquell summe bé que mai desplau
alceu el cor a més feliç estat.

La vida terrenal és com un prat
on entre flors i herbei el serpent jau;
i si la seva vista els ulls complau
és per deixar més l'ànim envescat.

Vós, així, si cerqueu tenir la ment
serena fins al jorn postrem d'esglai
seguiu els pocs, i no la vulgar gent.

Bé em podran dir: «Germà, trobes esplai
a guiar pel camí on freqüentment
t'esgarriaves, i ara més que mai».

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Escrito por Francesco Petrarca (trad. Miquel Desclot)

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Publicado en 21 Noviembre 2016

VERSIONS.0

—No servim a versions. —Em van dir al bar dels Salistes, sense ni aixecar la mirada de la barra. Vaig marxar d'allà, amb dignitat, la poca que em quedava; el beure ja me'l faria a casa.

Els últims temps s'han posat difícils per als que no som versions originals. Jo sóc una 3.0 i el llegat del meu origen poc m'importa i faig per oblidar-lo. L'acumulació de records fa que molts moments es perdin en el temps com llàgrimes en la pluja. La clonació quàntica, que no només inclou el cos sinó també les experiències acumulades, és una enganyifa. Només m'importo jo i no m'identifico pas amb el que era abans. Sé que jo (si és que em puc dir «jo») era algú d'Alcanar que havia fet fortuna amb la venda de sismògrafs. Encarregar una versió d'un mateix és cosa de molts diners, tot i que en el mercat negre ja se'n fan per molt menys de la meitat, però sense garanties de millora. Vet aquí el quid de la qüestió: som millors que els originals, i això els fa por. I ja fan bé de tenir-ne, perquè acabarem amb ells.

Una Església en plena agonia fou la primera a posicionar-se en contra. Malgrat tot, encara té prou influència sobre aquella gent que no necessita estimar cap déu, perquè en tenen prou amb algú que els digui quin diable cal odiar. Després vingueren els bioecoètics que no volen saber res de tot allò que no sigui degut a l'evolució natural de les espècies. No és bo o no pot ser bo i, davant del dubte, no ho volem, pensen. Curtets de mena, que viuen rodejats de manipulacions artificials o bé ni tan sols existiríem avui dia. I, per reblar el clau, el govern decidí no deixar-nos votar, deixant així oberta la porta per la que entren tots els mals que ens volen fora de la societat.

És qüestió de temps, però. Aquesta tecnologia estarà cada vegada més a l'abast de tothom i, llavors, ja no hi haurà cap poder terrenal o diví capaç d'aturar el que ha de succeir. Ens han fet creure tant en el poder del jo i l'ara que ningú voldrà arriscar-se amb el tràngol de fundar una família, amb les incerteses i dificultats que suposa entendre's amb algú altre i preocupar-se'n tothora. Serà vist com quelcom atàvic, passat de moda i clarament superat. Viurem a un món sense lligams de cap tipus, tothom lliure i sobirà de sí mateix, com raigs C brillant en la foscor però il·luminant només el propi camí. I com que no haurem perdut l'ànsia d'immortalitat, ens clonarem massivament. Cada cop estarem més depurats de les imperfeccions humanes, fins al punt que de la humanitat que coneixem, les versions originals, ja no en quedarà res, doncs serà una altra cosa, una versió actualitzada.

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Escrito por Amkiel

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Publicado en 13 Noviembre 2016

Immanuel Kant (1724-1804) [fragmento]

Retomemos una vez más las tres preguntas mencionadas al inicio de este capítulo [del libro "El gran asombro" de Jeanne Hersch]: «¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué tengo derecho a esperar?».

«¿Qué puedo saber?». Puedo aprender a conocer los fenómenos en el curso de un proceso sin fin. En efecto, la investigación científica no encuentra límite alguno. Puedo también saber que sólo conozco fenómenos, y que, en consecuencia, mi ciencia está, por naturaleza, limitada.

«¿Qué debo hacer?». En cada situación concreta, debo, hic et nunc, referirme al imperativo categórico, que no se distingue de mi libertad si supera toda realidad fenoménica para no imponerse como deber, constitutivo por sí sólo —por su carácter absoluto— del carácter moral de mi acción.

Puedo tomar en cuenta las consecuencias de mis actos, pero no son estas consecuencias las que han determinado mis decisiones. Por el contrario: estas mismas consecuencias, las evalúo según la máxima moral que rige mi voluntad.

«¿Qué tengo derecho a esperar?». Me está permitido esperar todo lo que mi conocimiento de los fenómenos no me prohíba esperar, y que está postulado por la ley moral: mi libertad; la inmortalidad del alma, en el sentido de su esencia nouménica, que escapa al tiempo; y la existencia de Dios. Pero, por encima de todo, me está permitido esperar un sentido. Esperanza que no se basa en un saber, que no es posible probar ni refutar. Es una creencia.

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Escrito por Jeanne Hersch

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Publicado en 9 Noviembre 2016

Escrito por Amkiel

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Publicado en 5 Noviembre 2016

Nada

Los filósofos de la época de Descartes, Spinoza y Leibniz presentan un rasgo común. Para ellos «es natural» que exista el ser y no es natural, en absoluto, que pueda existir primero la nada. En nuestra época, en cambio, Heidegger invierte esta relación y plantea la siguiente cuestión: «¿Por qué existe algo y no la nada?». Parece que, para los espíritus de nuestro tiempo, la nada ha devenido más «natural», más inmediatamente original, que el ser. Para que el ser sea, es necesario establecer un tipo particular de causalidad, de otro modo sólo existe la nada. Que exista el ser requiere una explicación; por el contrario, que exista la nada parece no requerir ninguna. Y ésta es una actitud nueva. A lo largo de la historia del pensamiento, los hombres han partido de la idea de que la presencia del ser era más «natural» que la de la nada. Esto se ve claramente, en particular, en los griegos, quienes prescindieron de toda creación. La tradición judeocristiana necesitó de la Creación para que el mundo existiera, pero el ser de Dios es eterno. Dios en cuanto ser parecía inquebrantable. Por el contrario, en los tiempos modernos se afirma una tendencia que concede en cierto sentido una prioridad al no-ser sobre el ser y tiene la necesidad de explicar que «existe algo y no la nada».

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Escrito por Jeanne Hersch

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